Los disparos frecuentes con armas conservaron un lugar central en el paisaje de inseguridad alrededor de las viviendas durante el segundo trimestre de 2026. Poco más de uno de cada tres adultos afirmó haber visto o escuchado detonaciones cerca de su domicilio, un nivel que colocó esta conducta entre las cinco expresiones delictivas o antisociales con mayor presencia en las ciudades examinadas dentro de la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (Ensu).
Aunque el atestiguamiento de disparos en el entorno cercano bajó, el fenómeno permaneció extendido. El indicador cedió 2.4 puntos frente a los primeros tres meses del año y acumuló una reducción de 3.6 por ciento respecto del mismo periodo de 2025. El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) consideró significativos ambos movimientos.
- El Dato: En el 2.o trimestre de 2026, 40.2% de la población tuvo algún conflicto o enfrentamiento con familiares o vecinos.
El entorno inmediato también mostró otras formas de deterioro cotidiano. Casi seis de cada 10 habitantes mencionaron consumo de alcohol en las calles cercanas a su casa, mientras los robos o asaltos alcanzaron a cerca de la mitad. La venta o uso de drogas y el vandalismo completaron el grupo de conductas que al menos cuatro de cada diez personas observaron o escucharon en su colonia.
Frente a ese conjunto, las detonaciones ocuparon un punto intermedio. Quedaron debajo de los asaltos, las sustancias ilícitas y daños a propiedad, pero superaron por más de 10 unidades a la presencia de pandillas. La medición retrata así un entorno donde el uso de armas no aparece como un hecho aislado, sino con otras expresiones recurrentes de inseguridad.
Por comparación anual, siete de las ocho conductas criminales analizadas disminuyeron. Los robos registraron la mayor baja, con 4.1 puntos, seguidos por los disparos, el vandalismo y la venta o consumo de drogas. También retrocedieron el alcohol en la vía pública, las conexiones ilegales de electricidad y las bandas violentas.
Respecto del trimestre anterior, el huachicol rompió esa tendencia. El robo o comercio ilegal de gasolina y diésel pasó de 3.2 a 3.8 por ciento, la única variación al alza que alcanzó significancia estadística. Aun con ese avance, permaneció como la conducta menos mencionada por la población. De las ocho conductas incluidas, cinco alcanzaron al menos a una tercera parte de la población. El dato coloca las detonaciones dentro de un conjunto extendido que también abarca consumo de alcohol, asaltos, drogas y vandalismo alrededor de los hogares. Las tres categorías restantes quedaron por debajo de ese umbral, con pandillerismo, conexiones irregulares de electricidad y huachicol.
Bajo el concepto de atestiguación, la Ensu pregunta si las personas vieron o escucharon estos hechos en las inmediaciones de su vivienda. Por ello, este 34 por ciento no representa víctimas directas de un ataque armado, sino habitantes que reportaron disparos frecuentes cerca de su casa durante el periodo consultado.
Según el diseño de la encuesta, los resultados no corresponden a denuncias, carpetas de investigación ni hechos confirmados por las autoridades. Recoge lo que las personas dijeron haber presenciado o escuchado cerca de su vivienda.
• Otra puntada de Rocío
