En México, al menos cuatro de cada 10 jóvenes de entre 15 y 29 años enfrentan un proceso de “desafiliación” o desvinculación de instituciones y espacios que tradicionalmente han representado fuentes de apoyo, pertenencia y sus oportunidades de desarrollo.
De acuerdo con los principales hallazgos de la encuesta Jóvenes en México 2026, elaborada por el Observatorio de la Juventud en Iberoamérica en colaboración con Fundación SM, una proporción importante de las nuevas generaciones no encuentra actualmente un lugar de pertenencia en ámbitos como la familia, la escuela, el empleo, las relaciones de pareja o las amistades.
- El dato: según el informe, los muchachos esperan que su trabajo les dé un buen sueldo, estabilidad y movilidad. La expectativa choca con la realidad, donde 69% gana un salario mínimo.
José Antonio Pérez, coordinador del proyecto, explicó que al menos 40 por ciento de los jóvenes consultados reportan que “simplemente no se hallan” en ninguno de estos espacios, lo que refleja un proceso de alejamiento de las instituciones y relaciones que durante décadas funcionaron como redes de integración.
El fenómeno no se limita a la falta de empleo o a la deserción escolar, sino que involucra distintos ámbitos de la vida cotidiana de los jóvenes.
La familia, la escuela, el trabajo y las relaciones personales constituyen espacios fundamentales para construir identidad, establecer vínculos y desarrollar proyectos de vida. Sin embargo, los resultados de la encuesta muestran que una parte significativa de los jóvenes no está encontrando en ellos las condiciones para sentirse integrada.
El concepto de “desafiliación”, utilizado por los investigadores, busca describir precisamente esa pérdida o debilitamiento de los vínculos con instituciones y redes sociales.
De acuerdo con Pérez Islas, el hecho de que cuatro de cada 10 jóvenes no se identifiquen plenamente con ninguno de estos espacios, representa un desafío que va más allá de las estadísticas de escolaridad o empleo.
El fenómeno plantea preguntas sobre la capacidad de las instituciones tradicionales para responder a las necesidades, expectativas y formas de relacionarse de las nuevas generaciones.
La situación analizada también ocurre en una etapa de la vida en la que los jóvenes suelen construir buena parte de su identidad, definir proyectos personales y establecer vínculos sociales y profesionales junto a una visión de vida.
Por ello, la desvinculación con su entorno puede tener consecuencias serias en su acceso a oportunidades, redes de apoyo y participación en la sociedad.
“Estas instituciones que hemos construido fundamentalmente los adultos, están dejando de funcionarle a las nuevas generaciones”, advirtió Pérez.
El informe, que fue publicado en el marco del Día Internacional de la Juventud, también encontró señales de esa desconexión en distintos ámbitos, así como indicadores de malestar personal ante las expectativas de vida presentes.

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