ONG denuncian opacidad

En el limbo, paradero de más de 340 connacionales llevados a Honduras

Autoridades no han explicado quién asumió su custodia, a dónde los trasladó o si continúan en el país; EU recurre cada vez más a naciones distintas para expulsar a migrantes

Migrantes deportados por EU llegan al aeropuerto La Aurora, en Guatemala, en diciembre de 2025.
Migrantes deportados por EU llegan al aeropuerto La Aurora, en Guatemala, en diciembre de 2025. Foto: AP

Al menos 348 mexicanos deportados por Estados Unidos fueron trasladados a Honduras, pero no existe información pública clara sobre dónde se encuentran, bajo qué autoridad permanecen o cuál es su situación migratoria.

Organizaciones defensoras de derechos humanos, como Héroes Migrantes, alertan sobre el riesgo de que estos retornos a terceros países se conviertan en una zona de opacidad para personas que deberían regresar a México.

“La deportación de mexicanos desde Estados Unidos dejó de significar necesariamente un vuelo directo hacia territorio nacional”, dijo Amalia Carrasco, integrante de la organización.

En medio de la ofensiva migratoria de la administración del presidente Donald Trump, ciudadanos mexicanos han comenzado a ser enviados a terceros países de Centroamérica.

Guatemala se ha convertido en el principal receptor: autoridades reconocieron que alrededor de dos mil 300 mexicanos deportados por EU llegaron a ese país durante 2026 y que, según el gobierno de Bernardo Arévalo, son trasladados posteriormente a México en un plazo aproximado de 24 horas. Pero para las organizaciones migrantes, el caso de Honduras plantea una interrogante mucho más difícil de responder.

“¿Dónde están los mexicanos que fueron enviados a ese país y qué ocurrió con ellos después de su llegada?”, cuestionó la activista Carrasco.

La defensora de derechos humanos Itsmania Platero señala que 348 ciudadanos mexicanos deportados desde EU ingresaron a Honduras durante este año en distintos momentos y en al menos tres bloques, “y posteriormente dejaron de aparecer en registros públicos sobre su ubicación o situación migratoria”.

  • 271 mil mexicanos han sido repatriados de EU desde 2025

La información disponible apunta a que alrededor de 350 personas retornadas fueron llevadas inicialmente al Centro de Atención al Migrante Retornado (CAMR), en San Pedro Sula. Sin embargo, de acuerdo con la denuncia de la defensora, Honduras no ha explicado públicamente qué autoridad asumió después su custodia, hacia dónde fueron trasladados ni bajo qué condición permanecen en el país.

“Durante años, los mexicanos expulsados de Estados Unidos eran enviados directamente a México. Ahora, Washington ha recurrido con mayor frecuencia a acuerdos o mecanismos que permiten trasladar a personas deportadas a países distintos a su nacionalidad”, dijo Platero.

Así, y mientras Guatemala ha hecho pública la recepción de los mexicanos y asegura que posteriormente son enviados a territorio mexicano, en Honduras persiste una zona de incertidumbre alrededor del destino de los 348 connacionales.

Una persona deportada de EU debería conocer cuál es el destino al que será trasladada y qué autoridad tendrá responsabilidad sobre su integridad una vez que abandone territorio estadounidense, refirió.

Pero cuando una persona es trasladada a un país que no es el suyo, aparecen nuevas preguntas, añade: ¿qué estatus migratorio adquiere?, ¿puede solicitar protección?, ¿puede abandonar el país?, ¿quién debe garantizar su seguridad?, ¿qué ocurre si necesita asistencia consular?, ¿y qué autoridad responde

si desaparece?

Efraín Jiménez, coordinador general del Colectivo de Federaciones y Organizaciones Mexicanas Migrantes, explicó que el miedo ha modificado actividades tan cotidianas como acudir al trabajo, llevar a los hijos a la escuela o salir a comprar alimentos.

“Todos los días temen ir al trabajo, recoger a los niños... Salir a la calle a hacer la compra es un reto y ahora mandándote tan lejos, ni a tu país a otro país peor es el miedo. Aquí el que se duerme acaba deportado”, señaló Jiménez al describir la situación de las familias mexicanas.

El activista dijo que el dilema es brutal: “Quedarse significa exponerse a una posible detención; regresar voluntariamente significa abandonar el trabajo y la vida construida durante años. El miedo también alcanza a quienes tienen una vida hecha en Estados Unidos”.

El caso de Jesús Juárez Cruz, un mexicano indocumentado que vivía en California, muestra hasta qué punto el miedo puede modificar las decisiones más básicas. Durante meses evitó acudir al hospital pese al deterioro de su salud porque temía que una visita médica pudiera ponerlo frente a agentes migratorios y terminar en su detención. Murió en febrero de 2026. Su esposa, Guadalupe, relató el progresivo deterioro de Jesús y la angustia que provocó que el miedo a ICE terminara alejándolo de los servicios médicos que necesitaba lo peor dice “él tenía miedo de que lo llevaran a otro país donde no conociera a nadie y sin un quinto”.


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