Nos piden no pasar por alto la eliminación, por parte del INE, del mecanismo con el que contaba para cuidar que ningún funcionario que opere programas sociales se convierta en observador electoral. La propuesta llegó de la consejera Frida Gómez —quien en la misma sesión sugirió relajar el protocolo para administrar las “boletas planchadas”—. Ahora, en lugar de que el instituto cruce los nombres de los que se inscriben como observadores con la nómina de los gobiernos, bastará con que firmen una carta en la que prometan que no son funcionarios. Eso será suficiente. Aunque la consejera mencionada alegó que para nada se estaba quitando el impedimento de que burócratas estén metiendo sus narices en las votaciones, otros consejeros y representantes de la oposición advirtieron que aquella decisión termina por abrirle la puerta a quienes canjean votos por despensas, lo que traerá graves consecuencias en cualquier elección. Pendientes.
• Se prende la Cuauhtémoc
