El presidente Donald Trump abrió un nuevo frente sobre la conservación del lobo gris y del lobo gris mexicano, al ordenar al Departamento del Interior de Estados Unidos determinar, en un plazo de 90 días, si ambas especies pueden perder total o parcialmente la protección que reciben bajo la Ley de Especies en Peligro de Extinción. La decisión alcanza directamente a una subespecie cuya recuperación depende desde hace décadas de un programa binacional con México.
El mandato presidencial, firmado el 4 de septiembre como parte de un paquete de apoyo a los ganaderos estadounidenses, no se limita a revisar su estatus.
También instruye al gobierno federal a preparar recomendaciones legislativas para retirar o reducir las salvaguardas, promover medidas similares en los estados y analizar criterios más flexibles para autorizar la muerte de este tipo de ejemplares cuando exista riesgo para el ganado o las personas.
- El dato: Organizaciones de protección animal advirtieron que el peso de los lobos sobre la industria ganadera “palidece” frente a los acuerdos comerciales promovidos por Trump.
Los datos oficiales, sin embargo, muestran una recuperación que aún no alcanza los parámetros establecidos por el propio Servicio de Pesca y Vida Silvestre de Estados Unidos para sacar al lobo mexicano de la lista.
El plan vigente exige que la población estadounidense mantenga un promedio de al menos 320 ejemplares durante ocho años y supere esa cantidad en cada uno de los últimos tres. Para México se fija un promedio mínimo de 200 animales durante el mismo periodo.
Durante 2025, Estados Unidos contabilizó al menos 319 lobos mexicanos en libertad, frente a 286 un año antes. La serie oficial muestra que entre 2018 y 2025 el promedio fue de aproximadamente 222 ejemplares, todavía por debajo de los 320 establecidos para una eventual exclusión de la lista federal.
Nuestro país presenta un rezago mayor. La evaluación quinquenal del programa binacional registró 35 lobos en territorio mexicano en 2022, lejos de la meta intermedia de 100 prevista para ese momento. El Servicio estadounidense reconoció entonces que la población nacional no había crecido al ritmo esperado y recomendó mantener la estrategia de recuperación.
Este año, además, la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) retomó las liberaciones en vida silvestre. En abril colocó una nueva familia de cuatro ejemplares en Durango, segundo estado del país incorporado al programa, mientras la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp) liberó una hembra adulta en el noroeste de Chihuahua.
El proyecto forma parte del esfuerzo bilateral iniciado para evitar la desaparición definitiva de la subespecie.
Trump ya intentó retirar las salvaguardas federales al lobo gris durante su primer gobierno. Una regla publicada en 2020 eliminó esa protección en gran parte de Estados Unidos, aunque excluyó expresamente al lobo mexicano. Un tribunal federal anuló después la medida y las disposiciones de la Ley de Especies en Peligro de Extinción quedaron restablecidas en 2022 para buena parte del territorio estadounidense.
Ahora, la nueva orden va más lejos al mencionar de forma expresa al lobo mexicano, Canis lupus baileyi, cuyo programa de rescate nació de apenas siete ejemplares fundadores. Estados Unidos y México comenzaron el esquema binacional de reproducción en cautiverio a finales de la década de 1970, iniciaron las reintroducciones estadounidenses en 1998 y las mexicanas en 2011.
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