Desde el año 2000, México ha registrado al menos 157 incidentes con armas de fuego dentro de planteles educativos y 31 ocurrieron tan sólo entre enero y septiembre de 2026, la cifra anual más alta de la serie elaborada por el investigador de la Universidad Autónoma de Coahuila Víctor Sánchez Valdés.
Una revisión realizada por el especialista, a petición de La Razón, arrojó además un dato que hasta ahora no había sido dimensionado en su registro: de las 15 personas que han perdido la vida en esos episodios desde el año 2000, 11 son mujeres, es decir, 73 por ciento. La mayoría eran maestras o trabajadoras de los centros escolares y cuatro eran alumnas.
El hallazgo surge mientras el ataque cometido el jueves en la Secundaria 13 de Torreón volvió a abrir la discusión sobre la violencia en las escuelas y el papel que pueden desempeñar comunidades digitales que glorifican agresiones, reproducen discursos misóginos o convierten el resentimiento en una forma de pertenencia.

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El caso de Torreón, sin embargo, no está incluido entre los 157 incidentes. La base de Sánchez Valdés se construye a partir de información hemerográfica y fuentes abiertas y registra exclusivamente hechos en los que estuvieron involucradas armas de fuego. La subdirectora Nery Edith Narváez González murió por heridas provocadas con armas blancas y otras cuatro personas resultaron lesionadas.
La distinción es relevante, advirtió el investigador, porque la estadística permite observar sólo una parte del fenómeno. No existe un registro público nacional que reúna agresiones con armas de fuego, cuchillos, explosivos u otros medios y permita cruzarlas con las características de víctimas y agresores.
La actualización muestra, no obstante, una aceleración. La base contabilizó ocho casos en 2017, cinco en 2018, 10 en 2019 y otros 10 en 2020. Tras un año sin registros en 2021, fueron 17 en 2022, 19 en 2023 y 11 en 2024. En 2025 escalaron a 30 y entre enero y septiembre de este año llegaron a 31.
Así, 61 de los 157 incidentes documentados desde 2000, casi cuatro de cada 10, ocurrieron sólo durante 2025 y los primeros nueve meses de 2026.
ESTADÍSTICA REVELADORA. Sánchez Valdés explicó que los 157 incidentes dejaron 15 personas muertas. Al revisar el sexo de las víctimas encontró que 11 eran mujeres y cuatro hombres. De las mujeres asesinadas, cuatro eran estudiantes y las otras siete pertenecían al personal de los planteles, principalmente docentes, aunque también aparecen trabajadoras administrativas.
La concentración también es reciente. El primer homicidio de una mujer contenido en la serie corresponde a 2007. Alrededor de 10 de las 11 muertes femeninas ocurrieron durante los últimos 10 años y siete se concentran en los últimos cinco.
El investigador pidió no interpretar esos números, por sí solos, como prueba de una tendencia nacional de violencia dirigida contra las mujeres. Su base no fue diseñada para estudiar violencia de género ni permite establecer el móvil de cada ataque.
Otro dato obtenido de la revisión es que, de los 11 incidentes en los que se registraron fallecimientos, sólo uno tuvo un anuncio previo identificado; en los otros 10 no se encontró una advertencia anticipada documentada.
Ese elemento adquiere relevancia tras el ataque de Torreón, donde las autoridades investigan la actividad digital de los dos hermanos de 18 años señalados como responsables.
DE LA PANTALLA A LAS AULAS. La discusión, sin embargo, trasciende el caso de Torreón. Especialistas advierten que determinados espacios digitales pueden transformar frustraciones personales en identidades colectivas construidas alrededor de la misoginia, el resentimiento y la normalización de la violencia.
La psicóloga Nereida González explicó que el término incel proviene de involuntary celibate —célibe involuntario— y originalmente no surgió como una corriente violenta. Con el tiempo, algunos espacios vinculados con esa identidad evolucionaron hacia comunidades en las que hombres responsabilizan a las mujeres de sus frustraciones afectivas y sociales.
La UNAM ha estudiado estas comunidades como parte de la llamada “manósfera”, un ecosistema digital donde circulan discursos antifeministas y misóginos.
Mario Fausto Gómez Lamont, especialista en masculinidades, señaló que el fenómeno no debe reducirse a un problema individual. Las redes, explicó, pueden ofrecer a hombres jóvenes anonimato, identidad y sensación de pertenencia, pero también ponerlos en contacto con discursos que refuerzan frustración y resentimiento.
El proceso puede comenzar con contenidos sobre relaciones sentimentales, masculinidad, inseguridad personal o fracaso amoroso y avanzar hacia grupos donde se responsabiliza a las mujeres de los problemas de los hombres y aparecen códigos y símbolos que fortalecen la pertenencia.
Arturo Béjar, especialista en seguridad digital, ha advertido que el diseño de las plataformas busca prolongar la permanencia mediante recomendaciones algorítmicas, reproducción automática, desplazamiento infinito y notificaciones. El riesgo, señalan los expertos, no depende únicamente de lo que un adolescente busca o publica, sino también de lo que las plataformas le recomiendan reiteradamente.
Los especialistas subrayan, no obstante, que aislamiento, ansiedad, depresión o dificultades afectivas no convierten a una persona en agresora y que pertenecer a espacios digitales misóginos tampoco conduce automáticamente a la violencia física.
La médica Beatriz Martínez Romero, de la UNAM, ha insistido además en que la misoginia no es una enfermedad mental, sino un problema social, por lo que asociarla automáticamente con un padecimiento psiquiátrico puede estigmatizar a quienes requieren atención.
Para Sánchez Valdés, los ataques escolares tampoco pueden explicarse a partir de una sola causa. Entre los factores que considera necesario estudiar están la hiperexposición a contenidos violentos, problemas de salud mental no detectados o atendidos oportunamente y la disponibilidad de armas en los hogares.
La combinación de factores sociales, emocionales, familiares, digitales y de acceso a armas, señaló, obliga a evitar explicaciones únicas y estudiar cada episodio en su propio contexto.

VACÍO EN REGISTROS. El ataque en Torreón exhibe los límites de la información disponible. Aunque provocó una muerte dentro de una escuela, no aparecerá en la estadística de 157 incidentes porque se utilizaron armas blancas.
Tampoco existe una base nacional que permita saber cuántas agresiones escolares estuvieron precedidas por amenazas en Internet, cuántas presentaron referencias a ataques anteriores, cuántas tuvieron componentes misóginos o cuántas estuvieron vinculadas con comunidades que glorifican la violencia.
Para construir esa fotografía sería necesario contar con un registro que incluya tipo de arma, número y sexo de las víctimas, edad, relación del agresor con el plantel, amenazas previas, actividad digital y resultado de las investigaciones.
Los especialistas coinciden en que la respuesta no puede limitarse a revisar mochilas, vigilar teléfonos o prohibir Internet. Plantean fortalecer alfabetización digital, educación emocional, pensamiento crítico, atención a la salud mental, acompañamiento familiar y escolar y responsabilidad de las plataformas sobre los contenidos que amplifican.


