A 58 años de la masacre estudiantil del 2 de octubre de 1968, este viernes, la Plaza de las Tres Culturas volvió a ser el génesis de una movilización que mantuvo viva la memoria de los jóvenes asesinados y perseguidos hace casi seis décadas. El recuerdo se vinculó con el destino de los 43 normalistas de Ayotzinapa y con demandas vivas de justicia, derechos humanos y libertad de organización.
De acuerdo con el Gobierno de la Ciudad de México, a la manifestación asistieron ocho mil personas.
Paralelamente, otra expresión de la protesta avanzó por las mismas calles: grupos de encapuchados, identificados como integrantes del Bloque Negro, provocaron destrozos, lanzaron cohetones, rompieron cristales y, al llegar al Zócalo, intentaron derribar las vallas colocadas frente a Palacio Nacional.

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Las dos escenas convivieron durante la jornada: la de quienes marcharon para exigir justicia y la apertura de los archivos sobre la represión de 1968, y la de quienes terminaron enfrentándose con el dispositivo de seguridad.
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Antes de las 16:00 horas, cuando inició la manifestación, estudiantes, integrantes de organizaciones sociales, sindicales y populares, sobrevivientes y exdirigentes del movimiento de 1968, comenzaron a concentrarse en Tlatelolco.
La marcha avanzó por Eje Central Lázaro Cárdenas hacia el Centro Histórico, con el Zócalo capitalino como destino.
Entre pancartas y fotografías de estudiantes del 68 se escucharon las consignas históricas y las referencias a los 43 normalistas de Ayotzinapa. En la Plaza de las Tres Culturas se realizaron los actos conmemorativos, con la exigencia de verdad, justicia y memoria como eje.
Durante el trayecto hubo saqueos a negocios y destrozos. Grupos no identificados ingresaron a tiendas ubicadas sobre la avenida Eje Central Lázaro Cárdenas. También rompieron cristales de parabuses y grafittearon bardas, banquetas y mobiliario urbano.
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En las inmediaciones del Metro Tlatelolco, encapuchados rompieron cristales, lanzaron petardos y realizaron pintas al interior de la estación. Elementos de seguridad encapsularon a más de 200 personas y, durante las revisiones, localizaron cadenas, palos, martillos y pirotécnia.
La marcha continuó hacia el Zócalo y ahí la escena se dividió en dos.
La bandera de México ondeaba a media asta frente a Palacio Nacional mientras Félix Hernández Gamundi, integrante del Comité 68 y exmiembro del Consejo Nacional de Huelga de 1968, hablaba ante cientos de personas. Detrás de él, encapuchados golpeaban las vallas, lanzaban cohetones y buscaban derribarlas. Hubo momentos en que les prendieron fuego.
Gamundi retomó el reclamo que, dijo, sigue pendiente desde hace 58 años: “La demanda es única, es justicia”.
Sobre la tarde de 1968, sostuvo: “El único que agredió, el único que disparó fue el Ejército mexicano; el Ejército fue quien contó los cadáveres y los recogió, fue quien contó los heridos y los recogió”.
El dirigente insistió en que los archivos militares deben entregarse a las autoridades encargadas de investigar: “Esos documentos, igual que los de Ayotzinapa, tienen que ser entregados ante las autoridades judiciales o ministeriales, o a las dos. Pero no simular, que es lo que hemos tenido en 58 años: una simulación de la justicia y un extravío del Estado”.

También se refirió a quienes participaron en la represión y ya fallecieron: “No importa que ya murieron, porque importa mucho la verdad jurídica. Tenemos que llegar al conocimiento de la verdad”.
La demanda encontró eco en las familias de Ayotzinapa. Un representante de las madres y padres de los normalistas desaparecidos afirmó que la situación actual les recuerda al movimiento estudiantil de hace casi seis décadas: “Pareciera que se vuelve a vivir en el 68. Pareciera que no ha cambiado el sistema de justicia en este país”.
Agregó que la búsqueda continuará hasta esclarecer el caso: “Seguiremos en lucha hasta llegar a la verdad, hasta que los responsables de las Fuerzas Armadas entreguen la información”.
En el mismo templete, Magdalena Ortiz, de la Coordinadora Permanente contra la Represión, leyó el documento central de esa organización, integrada por alrededor de 36 agrupaciones estudiantiles, populares y sindicales.
El texto vinculó la lucha de 1968 con la represión del 10 de junio de 1971 y con Ayotzinapa, y cuestionó la falta de resultados en las investigaciones.
“A 58 años del genocidio perpetrado en contra del movimiento estudiantil y popular de 1968, hacemos nuestra la lucha por las libertades democráticas y, de manera enfática, la lucha por el acceso a la justicia en el caso del 2 de octubre”, leyó.
El documento denunció la criminalización de maestros y de organizaciones sociales y llamó a las nuevas generaciones a mantener la memoria: “A las y los más jóvenes les decimos que no están solos”.
Mientras sucedían las intervenciones, al fondo del templete, los encapuchados golpeaban las vallas, lanzaban petardos y piedras; los uniformados mantenían el perímetro de Palacio Nacional.
Entre unos y otros grupos se oía la consigna “ni perdón, ni olvido”.
La movilización concluyó en el Zócalo y, según el Gobierno capitalino, transcurrió en su mayoría de manera pacífica, con actos vandálicos y enfrentamientos aislados durante el recorrido.
De acuerdo con reportes de la jornada de protestas, paramédicos del Escuadrón de Rescate y Urgencias Médicas (ERUM) atendieron a 18 personas que resultaron con lesiones menores y un joven, al que le detonó en la mano un artefacto explosivo, fue trasladado a un hospital para su atención especializada.
Además, para mantener comunicación con los contingentes, la Secretaría de Gobierno desplegó a 500 servidoras y servidores públicos del Grupo de Diálogo y Convivencia.
La bandera seguía a media asta frente a Palacio Nacional cuando terminaron las intervenciones de los líderes históricos del Comité 68 en el templete.
Detrás de ellos, encapuchados continuaban los choques frente a las vallas, entre petardos y piedras, mientras en el Zócalo persistía la consigna que cada 2 de octubre vuelve a esa plaza pública: “2 de octubre no se olvida”.
Estados se suman a conmemoración
| Redacción |
El país conmemoró este 2 de octubre el 58 aniversario de la matanza de Tlatelolco perpetrada por el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz en 1968. El grito histórico: “No se olvida” que resonó en la Ciudad de México, hizo eco en el Estado de México (Edomex), Puebla y Morelos.
En Toluca, Edomex, alrededor de 230 estudiantes de preparatoria y licenciatura de la Universidad Autónoma del Estado de México, iniciaron su recorrido desde el parque Simón Bolívar y Ciudad Universitaria hacia la Plaza de los Mártires, en el centro de la ciudad. Durante el recorrido, se reportó que un grupo de encapuchados agredió a policías municipales y quemó su patrulla. Mientras que los elementos realizaron detenciones sin protocolos.
Los dirigentes se posicionaron sobre el 2 de octubre de 1968, la desaparición de los 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa, los feminicidios y actos delictivos que han acabado con la vida de estudiantes.
Alumnos de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP) emprendieron su recorrido hacia a la Fiscalía General del Estado (FGE) desde el Complejo Cultural Universitario (CCU), Ciudad Universitaria (CU) y la Facultad de Artes. En su pronunciamiento, recordaron otros movimientos estudiantiles como el Halconazo de 1971 y la desaparición forzada de los 43 normalistas de Ayotzinapa, sobre los que responsabilizaron al Estado.
La Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana de Monterrey informó que la Dirección de Vialidad y Tránsito del estado, realizó un operativo vial. A las 18:00 horas, inició la marcha en la Plaza de Colegio Civil, ubicada en la avenida Juárez, con destino al Palacio de Gobierno.
Los alumnos de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos, familias y colectivos marcharon de Tlaltenango hasta el Tribunal Superior de Justicia para pedir un freno a la violencia que viven los jóvenes y se divulgó que el bloque Negro llegó al Palacio de Gobierno en Cuernavaca.


