La violencia en el entorno familiar afectó a 8.6 por ciento de los hogares urbanos del país durante el último año, una proporción prácticamente igual a la de 2025, aunque la presencia de menores de edad entre las víctimas alcanzó una cuarta parte de las viviendas donde ocurrieron agresiones, esto de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).
Datos del último trimestre de la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU) muestran que 25.5 por ciento de los hogares con violencia registró víctimas menores de 18 años, frente a 23.8 por ciento del ejercicio anterior. La prevalencia general aumento una decima porcentual entre ambos periodos, que comprenden de octubre a septiembre de cada año.
El porcentaje de personas adultas que sufrió alguna agresión en ese entorno también rerportó una ligero aumento de tres décimas hasta alcanzar 7.9 por ciento. La diferencia por sexo resultó más marcada entre las mujeres (9.2 por ciento), cuya proporción reportó casi un punto de aumento, mientras que entre los hombres (6.3 por ciento) prácticamente permaneció en el mismo nivel.

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La presencia de niñas, niños y adolescentes entre las víctimas coincide con un problema que investigaciones académicas han documentado a partir de registros hospitalarios y estudios sobre las consecuencias de la violencia durante la infancia. Una investigación de la revista científica BMC Public Health examinó 116 mil 287 registros médicos de menores de edad que recibieron atención por violencia interpersonal en instituciones públicas de salud de México entre 2015 y 2022. El trabajo encontró que 57.1 por ciento de esos expedientes correspondía a agresiones en el ámbito familiar.
Magdalena Gruendl, Diana D. del Valle y otros siete investigadores identificaron diferencias importantes según el sexo de las víctimas. Las niñas y adolescentes representaron 68.7 por ciento de los registros, mientras que los hombres 66.1 por ciento de las personas agresoras. El análisis también encontró una mayor presencia de abusos sexuales y psicológicos entre las mujeres, frente al predominio de lesiones físicas entre los varones.
Las consecuencias aparecen en una investigación de Clara Strasser Ceballos y Anna-Carolina Haensch publicada el 30 de septiembre en Journal of Computational Social Science. A partir de información de más de 61 mil mujeres y distintas fuentes estadísticas, identificaron una asociación entre antecedentes de maltrato en la niñez y el riesgo de sufrir violencia psicológica de pareja en la vida adulta.
El estudio encontró que las mujeres que padecieron agresiones durante su infancia presentaban, en promedio, una probabilidad estimada 5.1 puntos porcentuales mayor de experimentar ese tipo de maltrato que aquellas sin tales antecedentes, una vez considerados los demás factores del modelo. La investigación también identificó mayor riesgo entre quienes tenían parejas que habían estado expuestas a violencia cuando eran menores.
Ambas especialistas subrayaron la importancia de examinar las experiencias infantiles al estudiar las agresiones de pareja. Encontraron asociaciones entre una menor probabilidad de sufrir maltrato psicológico y una mayor autonomía de las mujeres para tomar decisiones profesionales y el uso de sus recursos económicos.
En la medición más reciente del Inegi, las ofensas y humillaciones constituyeron la manifestación más frecuente entre las personas adultas, con una prevalencia de cinco por ciento, igual a la de 2025. Sin embargo, el desglose por sexo muestra diferencias en ese periodo, pues el porcentaje pasó de 5.9 por ciento a 6.3 ciento entre mujeres y de cuatro por ciento a 3.5 por ciento entre hombres.
Las amenazas de expulsión del domicilio, los golpes y los tocamientos sin consentimiento también figuran entre las conductas que registró el organismo. Las agresiones físicas afectaron a 1.9 por ciento de la población femenina y 1.5 por ciento de la masculina, mientras que la violación o intento de violación alcanzó una prevalencia de 0.5 por ciento entre ellas y 0.1 por ciento entre ellos.
Otro cambio aparece en la identificación de las parejas sentimentales como principales responsables de la violencia familiar. Su participación entre las personas agresoras que señalaron las víctimas adultas pasó de 19.5 por ciento en la encuesta de 2025 a 21.1 por ciento en la edición actual. Para las mujeres, esa proporción alcanzó 24.9 por ciento, casi una cuarta parte de quienes reportaron maltrato en ese entorno.
El informe también identifica a hermanos, padres, madres y otros parientes entre los principales agresores. No obstante, la categoría más frecuente corresponde a personas sin parentesco especificado, con 48.9 por ciento de los señalamientos.
Para el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), la violencia contra niñas, niños y adolescentes también comprende prácticas de disciplina que incluyen gritos, humillaciones y castigos físicos. El organismo señala que más de la mitad de la población infantil ha experimentado métodos violentos de crianza en casa, aunque ese indicador corresponde a una medición distinta de la ENSU.
La organización advierte que las agresiones dentro del domicilio constituyen “una vulneración de los derechos de la niñez que, aunque suceda en el ámbito privado, afecta a toda la comunidad”. También identifica el fortalecimiento de los sistemas de protección, la crianza positiva y los cambios en las normas sociales como medidas para prevenir estas conductas.


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