La herida de la muerte del ex presidente español, Adolfo Suárez, sigue abierta en la mente de miles de españoles que vieron en su figura la culminación de algunos de sus grandes deseos: la transición democrática y el desmantelamiento de una dictadura que llevaba 36 años en el poder orquestada por el general Francisco Franco y que, en los últimos años de su mandato, había generado una grave estanflación económica.
Cuando el rey Juan Carlos I le dio a Suárez, ex franquista pero un demócrata convencido, la tarea de llevar a España al camino de la democracia, este, tomó el timón y por medio de una serie de maniobras entre la cuales destaca la legalización del Partido Comunista Español y la construcción de una serie de acuerdos denominados Los Pactos de La Moncloa, en los cuales se conjuntó a la derecha con la izquierda y a los empresarios con los sindicalistas, Suárez, logró la llamada institucionalización de la incertidumbre y generar un ambiente de confianza para convertir, como dice Héctor Schamis, al enemigo en oponente.
Dicha transición se verá consolidada cuando, en 1977, cuarenta y un años después de las ultimas elecciones generales, la Unión de Centro Democrático, con Suárez como candidato, conquista la presidencia de España. En esta elección, aparece una figura que tendrá también una gran relevancia para la transición y que mantendrá con Suárez, una sana rivalidad, Felipe González.
Sin embargo, el papel que jugó Adolfo Suárez fue mucho más allá de la península ibérica y se volvió altamente transcendental en el proceso de democratización de varios países de América Latina; la apertura que se dio en Brasil con Tancredo Neves y la transición que encabezó Aylwin en Chile, se apoyaron en gran medida en el modelo reforma pactada-ruptura pactada que llevó de forma magistral Suárez en España.
Además, los Pactos de La Moncloa, dieron un brillante ejemplo a América Latina del poder que tienen las negociaciones entre las diferentes fuerzas políticas para poder impulsar las reformas necesarias para el desarrollo de una nación. Queda claro, por ejemplo, como estos acuerdos entre sectores han ayudado enormemente al PRI para aprobar sus reformas estructurales vía el Pacto por México.
En Suárez España y el mundo vio a un político con un pedigrí al cual pocos aspiran, a un ex franquista convencido de que el rumbo correcto para su nación no era otro que la democracia y la consolidación de los derechos civiles que tantos españoles habían añorado por más de tres décadas.
No nos queda más que despedirnos de un gran demócrata que, deja tras de sí, un enorme legado, hasta siempre Adolfo Suárez.

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