El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó ayer que su secretario de Estado, Marco Rubio, “está hablando con Cuba ahora mismo” sobre un posible acuerdo, en medio del endurecimiento de las sanciones energéticas contra la isla. Desde el avión presidencial, el magnate sostuvo que la situación constituye “realmente una amenaza humanitaria” y urgió a alcanzar entendimientos.
Reiteró que Cuba es “una nación fallida” y describió un escenario de fuerte deterioro, con aviones que no pueden despegar por falta de combustible y se acumulan en las pistas. También aseguró estar “muy interesado” en la comunidad cubanoestadounidense y consideró que muchos “se alegrarán cuando puedan volver” a reunirse con sus familias.
Asimismo, defendió que no haya petróleo ni recursos financieros fluyendo hacia la isla, en alusión a las medidas que sancionan a países y buques que suministren crudo a La Habana. Estimó que no considera necesaria una operación militar similar a la realizada en Venezuela y opinó que, de producirse, “no sería una operación muy dura”, pero insistió en que no cree que sea necesaria.
En ese contexto, también el lunes arribó a la bahía de Matanzas el buque Nicos I.V., de bandera de San Vicente y las Granadinas y 183 metros de eslora. Tiene capacidad para más de 300 mil barriles, aunque se desconoce el tipo y volumen de combustible que transporta.
No figura bajo sanciones estadounidenses, pero sí en “vigilancia activa” por un antecedente medioambiental y por su vinculación pasada con el llamado puente energético entre Venezuela y Cuba. Según documentos legales recientes, pertenece a la naviera griega Nicos I.V. Special Maritime Enterprises y su gestión técnica y comercial está a cargo de Oceanic Shipmanagement Corp.
El atraque se produjo cerca del principal complejo logístico energético del país, donde se ubica la central termoeléctrica Antonio Guiteras y la mayor base de supertanqueros de la isla. Esa instalación sufrió en agosto de 2022 el mayor desastre industrial reciente de Cuba, con 17 fallecidos y cuatro depósitos dañados.
Cuba produce apenas un tercio de los alrededor de 110 mil barriles diarios que necesita. La caída del suministro en los últimos dos meses ha derivado en apagones, escasez en gasolineras y afectaciones transversales. El Gobierno activó un plan de emergencia que dejó sanidad y transporte en servicios mínimos, suspendió clases presenciales universitarias, instauró teletrabajo, restringió horarios en oficinas estatales y racionó severamente el combustible.
Mientras tanto, Naciones Unidas reiteró su preocupación. El secretario general, Antonio Guterres, está “muy preocupado”, informó su portavoz, quien señaló que los equipos del organismo colaboran para apoyar esfuerzos humanitarios y llamó a retomar el diálogo y el respeto al derecho internacional.
En La Habana, uno de los efectos más visibles es la acumulación de basura. Sólo 44 de los 106 camiones recolectores continúan operando por falta de combustible, según Cubadebate. Cartones, bolsas y botellas se amontonan en esquinas de la capital, mientras vecinos advierten en redes sociales sobre los riesgos sanitarios.