El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, delineó ayer los ejes de su nueva Junta de Paz con una lista de anuncios financieros, políticos y estratégicos centrados en la reconstrucción de Gaza, en un intento por consolidar su perfil como mediador global en conflictos internacionales.
Durante la primera reunión del organismo en Washington, que reunió a representantes de más de 40 países, el magnate aseguró que varias naciones ya han comprometido 7 mil millones de dólares como anticipo para la reconstrucción del enclave palestino, devastado tras dos años de guerra. Entre los países mencionados figuran Kazajistán, Azerbaiyán, Emiratos Árabes Unidos, Marruecos, Baréin, Catar, Arabia Saudita, Uzbekistán y Kuwait.
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A esa cifra se sumará la contribución de Estados Unidos, que, según anunció, ascenderá a 10 mil millones de dólares. Sin embargo, el republicano no precisó si estos recursos serán solicitados al Congreso ni detalló su procedencia. “Quiero que sepan que Estados Unidos va a hacer una contribución de 10 mil millones de dólares a la Junta de Paz”, afirmó durante su intervención, al tiempo que matizó el alcance del monto: “esa cifra es muy pequeña si se compara con el coste de la guerra”.
Donald Trump insistió en que este esfuerzo financiero apenas marca el inicio de un proceso más amplio de inversión internacional. “Muchos más contribuyen a estas cifras. Esto acaba de empezar. Esta es nuestra primera reunión, pero cada dólar invertido es una inversión en estabilidad y la esperanza de un futuro nuevo y armonioso”, sostuvo ante los asistentes.
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El mandatario estadounidense también destacó la participación de organismos y actores internacionales. Señaló que la FIFA impulsará proyectos deportivos en Gaza mediante la recaudación de 75 millones de dólares, destinados a la construcción de infraestructura futbolística, incluidos campos, una academia y un estadio nacional. A ello se suma la aportación de 2 mil millones de dólares en asistencia humanitaria por parte de la ONU.
Asimismo, defendió que la reconstrucción no debe limitarse a infraestructura básica. Subrayó la necesidad de generar condiciones sociales que permitan la estabilidad a largo plazo, aludiendo al papel del deporte como herramienta de cohesión.
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RECONFIGURACIÓN DEL ORDEN. También planteó una transformación del sistema internacional al sugerir que la Junta de Paz podría asumir funciones de supervisión sobre Naciones Unidas.
“Las Naciones Unidas serán, creo, mucho más fuertes. La Junta de la Paz prácticamente supervisará a las Naciones Unidas y se asegurará de que funcionen bien”, afirmó. En esa misma línea, insistió en que Washington contribuirá financieramente al organismo internacional para garantizar su viabilidad.
A su vez, el magnate defendió la legitimidad de la nueva estructura, pese a la ausencia de varias potencias occidentales y a la reticencia de países europeos. Aseguró que la mayoría de los invitados aceptaron integrarse y minimizó las resistencias. “Están jugando un poco, pero todos, todos se están sumando: la mayoría de ellos muy rápido”, declaró.
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Donald Trump también amplió el alcance del organismo al señalar que no se limitará al conflicto en Gaza. Reiteró que su Junta abordará otros focos de tensión a nivel global, con el objetivo de intervenir en disputas internacionales y facilitar acuerdos entre naciones.
En materia de seguridad, el presidente subrayó que el desarme de Hamas es un componente central de su plan para Gaza. Indicó que el grupo habría mostrado disposición a deponer las armas, aunque reconoció la incertidumbre sobre ese compromiso. “Parece que lo van a hacer, pero tendremos que averiguarlo”, señaló.
En tanto, expresó su expectativa de evitar una solución militar, aunque no descartó ese escenario. Al cierre de la reunión, reforzó su mensaje con una visión optimista sobre el futuro del enclave: “Vamos a poner orden en Gaza. Vamos a hacer que Gaza sea un lugar próspero y seguro”.
TENSIONES Y EXCLUSIONES. Tras los anuncios, el contexto internacional evidencia un escenario complejo. La Junta de Paz incluye a Israel, pero no a representantes palestinos, lo que ha generado cuestionamientos sobre su legitimidad y sobre la viabilidad de sus objetivos en el terreno.
Desde Israel, el primer ministro Benjamin Netanyahu endureció su postura respecto al futuro de Hamas. “Muy pronto, Hamas se enfrentará a un dilema: desarmarse pacíficamente o por la fuerza”, advirtió, en línea con la estrategia de presión sostenida contra el grupo.
En contraste, desde Gaza, el portavoz del grupo subversivo, Hazem Qassem, señaló que la credibilidad de la iniciativa dependerá de su capacidad para frenar las acciones militares israelíes y garantizar el cumplimiento del alto al fuego, así como de iniciar un proceso real de reconstrucción.
Por su parte, el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, alertó sobre las consecuencias de un eventual fracaso del plan impulsado por Washington. “No hay un plan B para Gaza. El plan B es volver a la guerra. Nadie aquí quiere eso”, afirmó durante la reunión.
Asimismo, autoridades informaron que unos 2 mil palestinos se han inscrito para integrar una fuerza policial de transición, mientras que un plan a largo plazo contempla el entrenamiento de hasta 12 mil efectivos. Asimismo, cinco países han comprometido tropas para una fuerza internacional de estabilización.
Sin embargo, sobre el terreno, la situación continúa deteriorándose. Reportes recientes documentan bombardeos en diversas zonas de Gaza, víctimas civiles y destrucción sostenida de infraestructura, en medio de reiteradas violaciones al alto al fuego.
Un informe de la Oficina de Derechos Humanos de Naciones Unidas advierte que las condiciones de vida en el enclave son cada vez más incompatibles con la supervivencia de la población palestina. El documento señala hambruna, desplazamientos forzados y una destrucción sistemática que podría alterar de forma permanente la composición demográfica del territorio.