Los documentos divulgados por la Casa Blanca durante el discurso del presidente Donald Trump del jueves por la noche, en el que denunció fraude en los comicios de 2020, no concluyen que fueran manipuladas ni que se alterara el resultado electoral. De hecho, algunos llegan a la conclusión opuesta, lo que contradice su versión.
“Consideramos que los sistemas de recuento de votos serían difíciles de manipular a una escala lo suficientemente amplia como para comprometer los resultados electorales”, señala uno, pese a que el mandatario aseguró que los reportes demostrarían que en 2020 se produjo “la mayor vulneración de datos electorales de la historia”, lo que habría permitido a China “obtener de manera ilícita” los registros de 220 millones de votantes.
El mandatario centró sus denuncias en China, pasando por alto a Irán y Rusia, pese a que en uno de los documentos aportados por la Casa Blanca, realizado por el Centro Nacional de Inteligencia (NIC, por sus siglas en inglés), se establece que el país que más esfuerzos realizó por influir en los comicios de ese año fue Rusia.
En otro informe de 2021, también del NIC, concluyó con “alta confianza” que China no intentó influir en el resultado electoral, y que las tentativas de oponerse a la reelección de Trump se produjeron a través de las redes sociales y declaraciones públicas, pero no mediante una injerencia o una actuación directa.
Por su parte, el secretario de Seguridad Nacional, Markwayne Mullin, insistió en que su departamento identificó a 278 mil personas “no ciudadanas” registradas para votar y a otros 400 mil votantes fallecidos que siguen inscritos en los censos, un día después de que el presidente cuestionara la integridad del sistema electoral del país.
En respuesta a las acusaciones, China afirmó que nunca ha interferido en las elecciones de EU y que no tiene interés en hacerlo, e instó a Washington a dejar de plantear lo que describió como “acusaciones infundadas” y a “hacer algo que sea propicio para las relaciones” entre ambos.
