El 11 de septiembre de 2001 cambió la política internacional y abrió una etapa marcada por la seguridad y las guerras contra el terrorismo, pero 25 años después la amenaza no desapareció: se fragmentó, incorporó nuevos grupos y encontró herramientas como drones, redes digitales e Inteligencia Artificial.
De acuerdo con el profesor de la Facultad de Estudios Globales de la Universidad Anáhuac y responsable del Observatorio de Análisis Global, Héctor Herrera Capetillo, los atentados representaron un punto de quiebre frente al optimismo de los años 90, cuando la cooperación internacional, el libre comercio y la expansión de la democracia ocupaban un lugar central.
Después de los ataques, Estados Unidos colocó el combate al terrorismo en el centro de su política exterior. Afganistán fue invadido en 2001, expuso, y dos años después Washington entró en Irak bajo el argumento de que Saddam Hussein poseía armas de destrucción masiva.

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El internacionalista considera ambos conflictos entre los principales errores cometidos por Washington tras el 11-S, junto con la idea de que una respuesta militar podía resolver una amenaza que no funcionaba como una guerra convencional.
Estados Unidos permaneció dos décadas en Afganistán hasta retirar sus tropas en 2021. El regreso de los talibanes al poder mostró, según el especialista, que pese al tiempo, los recursos y las vidas perdidas, no hubo una transformación.
En Irak, la caída de Saddam Hussein dejó un vacío de poder que favoreció el surgimiento de nuevos grupos extremistas, entre ellos el Estado Islámico, que llegó a controlar amplias zonas de Irak y Siria. La intervención también deterioró la relación de Washington con aliados como Francia y Alemania.
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AMENAZAS DISPERSAS. La muerte de Osama bin Laden en 2011 tampoco significó el fin de Al Qaeda. La organización se fragmentó y distintas células y grupos vinculados con el yihadismo continuaron activos. A ellos se sumaron organizaciones como Boko Haram y el Estado Islámico, mientras en EU crecieron grupos extremistas de extrema derecha, destacó.
Asimismo, Héctor Herrera Capetillo subrayó que terrorismo y crimen organizado tienen objetivos distintos: el primero persigue una agenda política y el segundo busca beneficios económicos. Sin embargo, ambos pueden operar mediante redes y células dispersas.
Esa diferencia adquiere relevancia ante la decisión de la administración de Donald Trump de utilizar la categoría de terrorismo para organizaciones criminales, una etiqueta que, según el académico, amplía recursos y capacidades legales del gobierno de EU.
La estrategia también tiene consecuencias para América Latina. Señaló que Donald Trump busca recuperar una presencia más contundente de su país en la región, en medio de la competencia de Washington con China y Rusia.
NO OCURRIRÁ. La conmemoración del 25 aniversario ocurre bajo la segunda administración del magnate, quien colocó de nuevo la seguridad nacional dentro de su discurso. El martes, durante un acto en Washington, afirmó que el 11-S fue uno de los momentos que dividieron la historia y prometió impedir que una tragedia semejante vuelva a ocurrir.
Una encuesta de Reuters/Ipsos realizada a finales de agosto encontró que 33 por ciento de los estadounidenses considera al terrorismo doméstico la principal amenaza para su seguridad, frente a 20 por ciento que señaló al extranjero.
El especialista considera poco probable que se repita un ataque con las mismas características, pero advierte que el riesgo permanece. “Hoy tenemos esa proliferación de amenazas mucho más intensas y graves para la seguridad de los estados”, señaló.
Explicó que el terrorismo actual es más diverso y difícil de ubicar porque ya no existe un solo enemigo ni una organización con una estructura centralizada. Además, las nuevas tecnologías permiten que grupos pequeños tengan acceso a herramientas que antes estaban fuera de su alcance.
Drones, ataques cibernéticos e Inteligencia Artificial pueden ser utilizados por gobiernos, pero también por organizaciones. En ese sentido, el desarrollo tecnológico abrió nuevas posibilidades para quienes buscan causar daño con recursos accesibles.
En Europa, Associated Press (AP) reportó esta semana que la Unión Europea observa un crecimiento del extremismo violento de carácter nihilista, impulsado por jóvenes que encuentran en Internet comunidades donde la violencia y la notoriedad se convierten en objetivos por sí mismos. La amenaza se desplaza así hacia redes digitales más difíciles de detectar.
LOS JÓVENES. En tanto, AP informó que cerca de un tercio de los estadounidenses nació después del 11-S y que al menos 40 estados recomiendan o exigen algún tipo de enseñanza sobre los atentados en las escuelas.
Para Herrera Capetillo, existe una responsabilidad compartida entre instituciones educativas, medios y sociedad civil para transmitir lo ocurrido a las nuevas generaciones. “El poder ser atacado en cualquier momento, bajo cualquier causa, donde en realidad son los indefensos y que no tienen nada que ver con el conflicto, los que valgan las consecuencias de este tipo de ataques, debería sensibilizar mucho más a la comunidad”, sostuvo.
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Por Staff Infografía
EL 11 DE SEPTIEMBRE de 2001, Estados Unidos vivió uno de los episodios más traumáticos de su historia. Esa mañana, cuatro aviones comerciales fueron secuestrados por integrantes de Al Qaeda: dos impactaron contra las Torres Gemelas del World Trade Center, en Nueva York; otro se estrelló contra el Pentágono, en Virginia, y el cuarto cayó en Pennsylvania después de que los pasajeros intentaran recuperar el control de la aeronave.
Los ataques dejaron cerca de 3 mil muertos y transformaron para siempre la percepción del terrorismo en el mundo.
Actualmente, en el lugar donde estaban las torres se encuentra el nuevo complejo del World Trade Center, que incluye un memorial, un museo y el edificio más alto del hemisferio occidental, el Freedom Tower.

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