Una misión de investigación de Naciones Unidas afirmó ayer que existen “motivos razonables” para considerar que Estados Unidos cometió crímenes de guerra en dos bombardeos contra instalaciones civiles en Irán al inicio de la ofensiva de febrero, mientras el presidente Donald Trump aseguró que se acerca el momento de decidir si vuelve a intensificar los ataques contra Teherán.
El informe señala los ataques del 28 de febrero pasado contra la escuela primaria Shajaré Taybé, en Minab, así como un polideportivo en Lamerd. La primera ofensiva dejó más de 150 muertos, entre ellos unos 120 menores. El plantel se encontraba a unos 70 metros de un complejo naval de la Guardia Revolucionaria iraní, pero la misión no encontró información que indicara que fuera utilizado con fines militares.
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Los investigadores determinaron que el edificio escolar fue el punto de impacto previsto y no un daño accidental provocado por el ataque contra las instalaciones militares cercanas. Según la misión, Washington no verificó adecuadamente que el lugar fuera un objetivo militar antes del lanzamiento.

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“Estados Unidos dirigió los ataques contra el edificio de la escuela siendo consciente del riesgo sustancial de impactar contra un bien de carácter civil”, señaló el informe, que concluyó que existían elementos para considerar el hecho como un ataque indiscriminado.
En Lamerd, donde murieron más de 20 personas, la investigación tampoco encontró indicios de que el polideportivo fuera utilizado con fines militares. El misil empleado dispersó alrededor de 180 mil fragmentos de tungsteno sobre una amplia superficie, por lo que la misión consideró que sus efectos no podían limitarse a un objetivo militar.
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OPRESIÓN. El mismo informe atribuyó posibles crímenes de lesa humanidad a las autoridades iraníes por la represión de las protestas antigubernamentales entre diciembre y febrero. La investigación describió un ataque “sistemático y generalizado” contra la población civil, con fuerza letal, detenciones masivas y torturas.
La misión detectó un patrón en el que las fuerzas de seguridad iraníes utilizaban gases lacrimógenos antes de disparar perdigones metálicos contra manifestantes que no representaban una amenaza inmediata. Entre los fallecidos figuran más de 220 menores.
También documentó ataques contra centros sanitarios, detenciones de heridos y personal médico, así como decenas de miles de arrestos arbitrarios. Algunos detenidos sufrieron aislamiento, tortura y falta de asistencia legal.
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El reporte recordó además que las autoridades bloquearon Internet y la telefonía desde el 8 de enero durante más de cinco meses. Al menos 29 manifestantes fueron ejecutados entre marzo y agosto de este año.
Mientras Naciones Unidas difundía sus conclusiones, Donald Trump elevó otra vez la presión sobre Irán. En declaraciones a Axios, aseguró que se aproxima a una decisión sobre la posibilidad de intensificar las operaciones militares.
“Tengo que tomar una decisión importante. ¿Quiero entrar y aniquilarlos o no?”, afirmó el magnate, quien agregó que Teherán mantiene contacto directo con Washington y busca alcanzar un acuerdo.
Asimismo, sostuvo que ningún barco ha llegado a puertos iraníes desde que Estados Unidos restableció el bloqueo en julio, después del fracaso del memorando de entendimiento alcanzado previamente entre ambos países.
Al mismo tiempo, su Administración autorizó a la principal delegación iraní a viajar a Nueva York para participar la próxima semana en la Asamblea General de Naciones Unidas. Donald Trump también prevé reunirse con dirigentes de Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Baréin, Kuwait y Omán para abordar la guerra.
OTRO FRENTE DE TENSIÓN. Mientras tanto, los hutíes, respaldados por Irán, y las fuerzas saudíes intercambiaron nuevos ataques en la frontera, mientras civiles yemeníes huyeron en pequeñas embarcaciones a través del estrecho de Bab el-Mandeb.
La televisión controlada por los hutíes informó de bombardeos saudíes en Hajjah y cerca de Taiz. Riad, por su parte, reportó la muerte de un ciudadano yemení por restos de un dron interceptado sobre Taif, la primera víctima mortal anunciada por Arabia Saudita desde la intensificación de los ataques.
La Organización Internacional para las Migraciones calcula que más de 100 mil yemeníes fueron desplazados por los últimos combates. Los hutíes tomaron el control de la costa yemení del Mar Rojo y zonas estratégicas alrededor de Bab el-Mandeb, una ruta fundamental para el transporte marítimo.
El estrecho de Ormuz permanece prácticamente cerrado y el oleoducto Este-Oeste de Arabia Saudita continúa fuera de operación tras el ataque de la semana pasada. El petróleo se mantiene por encima de los 100 dólares por barril y el precio promedio del diésel en Estados Unidos ronda los 6.40 dólares por galón.
En tanto, Arabia Saudita pidió ayuda a Pekín después del avance hutí y, según tres fuentes iraníes citadas por Reuters, el gobierno chino solicitó en privado a Teherán utilizar su influencia para contener al grupo y evitar una mayor extensión del conflicto.
“La escalada de la inestabilidad regional no beneficia a ninguna de las partes”, declaró el Ministerio de Exteriores chino, que pidió resolver las diferencias mediante el diálogo y proteger las instalaciones esenciales para la población.
La petición coloca a Pekín en una posición relevante: China fue destino de más de 80 por ciento de las exportaciones marítimas de petróleo iraní en 2025, con alrededor de 1.4 millones de barriles diarios, pero también mantiene fuertes vínculos económicos con los países árabes del Golfo.

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