Un año después... Guaidó lucha por mantener liderazgo

Un año después... Guaidó lucha por mantener liderazgo
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Al cumplirse los primeros 12 meses de su gestión como “presidente encargado” de Venezuela, Juan Guaidó está en la fase de replantear su movimiento. El 23 de enero de 2019, el dirigente opositor prometió derrocar a Nicolás Maduro, aliviar la crisis humanitaria y reorientar la enferma economía del país; sin embargo, hasta hoy, sus objetivos siguen sin llegar a puerto.

Un año después de levantarse con energía frente a una multitud en Caracas, Guaidó parece más popular afuera que adentro de Venezuela, pues logró el reconocimiento de Estados Unidos y de otros 53 países, pero en su patria no pudo mantener a la oposición unida contra Maduro, cuya estructura pudo fracturar a los partidos, para imponer a un líder alterno en el Congreso.

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Guaidó también ha sido motivo de división internacional, cuando los países alineados al consenso de Washington (el Grupo de Lima) comenzaron a presionar, sin éxito, para organizar elecciones sin Maduro, mientras que otro bloque, liderado por Uruguay y México, lanzaron el Mecanismo de Montevideo, para llegar a la conciliación entre chavismo y oposición, sin reconocerlo como jefe de Estado.

La Unión Europea también tomó parte, a través de un Grupo de Contacto. Si bien le dio su aval y pidió la celebración de comicios, se mostró a favor de abrir el diálogo con funcionarios del oficialismo, una opción a la que Guaidó y sus seguidores se negaron.

Varias sesiones de concertación fracasaron, Noruega, un mediador de alto prestigio, entró al juego de los actores con alternativas para que Venezuela dejara el estancamiento político. Y llegó más lejos, al lograr lo que ni EU, ni el Grupo de Lima, ni el Grupo de Contacto, ni el Mecanismo de Montevideo pudieron: hacer que la oposición de Guaidó se sentara a charlar con los chavistas; no obstante, las conversaciones fracasaron una y otra vez.

Ni las sanciones estadounidenses, ni las protestas organizadas por Guaidó, ni los llamados a negociar han valido para sacar a Venezuela de su crisis, mientras 4.6 millones de ciudadanos abandonaron su hogar, en busca de oportunidades, lo que extendió el conflicto a nivel regional, donde la diáspora pega a los débiles sistemas de asilo de las naciones latinoamericanas.

Brasil, Perú y Ecuador cerraron sus fronteras, rebasados por el enorme flujo de venezolanos que salieron en masa. Colombia, el mayor receptor, contó con subsidio estadounidense para no cerrar sus brazos. Unos 24 mil niños, hijos venezolanos, recibieron la nacionalidad colombiana, por una solidaria medida que les otorgó la concesión, ante el riesgo de convertirse en apátridas, pues Bogotá no otorga la ciudadanía por nacimiento.

Pocos factores cambiaron en Venezuela, en detrimento de Guaidó: un año después, el chavismo seguía en el poder, la oposición que alguna vez cerró filas contra el gobierno sufre una nueva fractura y la crisis económica aún azota al grueso de la población.

Nicolás Maduro se flexibilizó, no con los opositores, a quienes persigue —al menos 388 están tras las rejas—, pero sí respecto a EU, con el que se dijo dispuesto a negociar: levantamiento de sanciones a cambio de petróleo.

Guaidó se enfrenta a un momento crucial: para su vigencia, cuenta considerablemente con el respaldo económico de Washington, quien le acaba de ratificar su soporte, y de la Unión Europea, que reconoce su autoridad; sin embargo, tendrá que remontar de nuevo dentro de su país, donde 53 por ciento lo rechaza, al no tener fe en que su propuesta de cambio sea legítima.