En un momento en el que el entorno global es testigo de eventos climáticos extremos y se observan nuevas exigencias regulatorias, la banca mexicana acelera la integración del financiamiento sostenible para mitigar riesgos, señalaron directivos de esta industria durante el inicio de la 89 Convención Bancaria.
Durante el panel “Financiamiento sostenible: Riesgos y oportunidades”, Mariuz Calvet, copresidenta de la Comisión de Responsabilidad Social de la Asociación de Bancos de México (ABM), destacó que el sector ha avanzado en la adopción de criterios ambientales, sociales y de gobernanza (ASG), tanto en la gestión de riesgos como en el desarrollo de productos financieros.
Refirió que en 2025 la banca movilizó 794 mil millones de pesos en financiamiento sostenible, de los cuales 45 por ciento correspondió a créditos verdes, 31 por ciento a sociales y 24 por ciento a instrumentos de mercado.
Además, subrayó que 90 por ciento de los activos del sistema ya cuentan con esquemas de evaluación de riesgos socioambientales, lo que refleja un cambio estructural en la industria.
Riesgos climáticos, factores críticos para la estabilidad financiera
Desde la perspectiva regulatoria, Fabrizio López Gallo, director general de Estabilidad Financiera del Banco de México, advirtió que los riesgos climáticos han dejado de ser un tema reputacional para convertirse en un factor crítico para la estabilidad financiera.
Explicó que estos riesgos se manifiestan a través de canales tradicionales como el crédito, el mercado o incluso el reputacional, pero con una complejidad mayor, debido a su carácter de largo plazo y a la incertidumbre sobre su evolución. “Los eventos climáticos extremos ya figuran entre los principales riesgos globales y en México vemos efectos claros como sequías más severas y huracanes más intensos”, señaló.
En ese sentido, destacó el papel de iniciativas internacionales como la Network for Greening the Financial System, de la cual México es miembro fundador, así como los avances del Comité de Basilea para establecer marcos de divulgación de riesgos climáticos.
A nivel local, apuntó, se han dado pasos relevantes: en 2025 la Comisión Nacional Bancaria y de Valores actualizó sus reglas para que emisoras reporten información de sostenibilidad; desde 2024 las Afores deben medir y gestionar riesgos ASG, y el sector asegurador ya incorpora estos criterios en su regulación.
Por el lado empresarial, Omar Álvarez Cabrera expuso que el financiamiento sostenible también representa una oportunidad para alinear la estrategia corporativa con objetivos de largo plazo. Como ejemplo, mencionó el crédito sindicado de Grupo Coppel por 51 mil millones de pesos, uno de los más grandes en América Latina vinculado a indicadores de sostenibilidad.
Detalló que el instrumento incorporó metas como elevar la participación de mujeres en puestos directivos —que ya supera 40 por ciento— y ampliar el uso de energías limpias mediante paneles solares y la transición de su flota vehicular.
Subrayó que el acompañamiento de la banca fue clave, no solo en el financiamiento, sino en la estructuración de indicadores, análisis de impacto y seguimiento, lo que permite garantizar la llamada “doble materialidad”: beneficios ambientales o sociales junto con rentabilidad económica.
Respecto a los retos, los panelistas refirieron que para el sistema bancaria uno de ellos será el profundizar en la integración de estos factores; sin embargo, también se abre una ventana para detonar nuevos negocios y consolidarse como un actor central en la transición hacia una economía baja en carbono.
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cehr