El Plan México, programa insignia del Gobierno federal, abre la oportunidad de consolidar mayor crecimiento económico sostenible, inversión, producción nacional y alcanzar la soberanía industrial, esa es la hoja de ruta; no obstante, debe existir una transformación del Estado para cumplir con los objetivos, señalaron Mariana Mazzucato y Lara Merling, investigadoras del Instituto para la Innovación y el Propósito Público de la University College London.
“México ha fijado un rumbo. Lo que resta es la transformación del Estado necesaria para construir una arquitectura capaz de cumplirlo: una que pueda coordinar a todo el gobierno, moldear los mercados en torno a objetivos públicos, aprender y adaptarse, y movilizar la inversión pública y privada hacia la transformación productiva. Al hacerlo, México puede construir una economía que genere más valor, lo distribuya de manera más amplia y haga realidad la prosperidad compartida”, indicó el informe Transformación del Estado para el Plan México.
El documento destacó que el reto que enfrenta la administración de Claudia Sheinbaum Pardo, es la implementación, porque los objetivos que propone el Plan no pueden ser alcanzados por una sola dependencia, debe existir un nivel de organización nacional; crear un órgano o junta de misiones que coordine las compras públicas, la banca de desarrollo y la regulación.
“Un enfoque orientado a misiones proporciona un nivel de organización entre la ambición nacional y su ejecución, pasando de proyectos individuales a portafolios coordinados”, acotó.
Además debe transformar las limitaciones históricas que enfrenta el país, como la caída de crecimiento del Producto Interno Bruto y los flujos de inversión pública; que no hay escalamiento tecnológico y por ende en las exportaciones manufactureras se utilizan insumos importados con bajo valor agregado nacional, que el gasto en investigación y desarrollo es reducido en comparación al PIB y que el financiamiento productivo se ha estancado o bien se ha canalizado a través de intermediarios comerciales.
Y recomendó que se debe alinear el marco macroeconómico con el Plan México para garantizar que la política fiscal y el sistema tributario respalden los objetivos de inversión y transformación productiva, “en lugar de actuar en su contra”.
Propone que la gestión fiscal del Estado redefina cómo se evalúa la inversión pública, no debe verse como un costo a corto plazo, sino por la capacidad productiva, los ingresos futuros y la inversión privada que impulsa.
Se puntualiza que la tributación se debe ampliar y ser eficaz sobre la riqueza, las herencias, los ingresos de capital, la propiedad, las rentas económicas, y lograr la formalización a través de la modernización y del apoyo al trabajo digno, en lugar de hacerlo mediante la fiscalización.

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