Repantigado en el mullido sillón de su amplísimo estudio, Gil recordó a Dámaso Pérez Prado. La vida pública mexicana le recuerda a Gamés a un mambo. Un gran mambo. Así las cosas, en honor al bailador Humberto Moreira, Gil se incorporó, caminó al puesto de controles de su home theater y le dio vuelo a El ruletero. El mambo es lo de Gilga y, desde luego, también lo de Moreira. El profesor le ofreció clases de unidad partidista a Jesús Ortega y al día siguiente lo invitó a comer con afecto. Yo soy, El plis-plas-plus, que sí, que no, El plis-plas-plus. Era grande El Cara de Foca.
Durante una comida que le organizaron mujeres simpatizantes del PRI, Humberto Moreira les dio a los panistas hasta con la cubeta. Oigan esto: “El país quedó en manos de gentes inexpertas, pero que son expertas en el engaño y en la mentira. Cínicos es la palabra porque han sido incapaces de pararse y reconocer que han fracasado. No sólo les falta talento, sino que no son capaces de reconocer que el país se les está yendo de las manos. No tienen la capacidad ni la hombría de reconocer sus desaciertos”. En el amplísimo estudio se oyó: Yo soy, El macalacachimba, que sí, que no, El macalacachimba.
Gil se llevó los dedos índice y pulgar al nacimiento de la nariz y meditó: aquí hay complejidades: lo que nos faltaba, un Gallo Giro, muy hombre, bailador como pocos, que no tiene pelos en la lengua y le sobran pantalones. Dios de bondad, ¿qué hemos hecho para merecer tanto castigo? Ya teníamos al bravucón de la calle oscura en Liópez, ahora llega, de allá del norti, un hombre muy bragado. Vamos bien, muy bien. Mientras ofrecía su alocución (oh, elegancia del idioma), una asistente gritó, según reporta Reforma online, “¡Culeros!”. Y Moreira dijo:
“También”, refiriéndose a los panistas. En resumen, Moreira llamó cínicos, ineptos, poco hombres y culeros a sus adversarios políticos. Un chivo en cristalería habría sido más cuidadoso. Gilga sacó unos pasos de mambo, que envidiaría Moreira, cuando se oía: que sí, que no, El macalacachimba.
La moral, ¿es un árbol que da Moreiras? Quizás en el PRI sí, meditó Gamés, para quien los panistas no son precisamente santos de su devoción. Si la idea es arreglar a bofetadas los diferendos, Gil obtendrá una butaca de primera fila. Humberto Moreira llamó a los priistas a construir un nuevo proyecto de gobierno para ganar las elecciones de 2012. La oscuridad de la noche había caído sobre la ciudad y la nota no explicaba si bailar, cantar e insultar se aceptaban como formas del programa político.
Una vez ajustada la tuerca con la pinza del insulto, Moreira afirmó que las declaraciones de Heriberto Félix, secretario de Desarrollo Social sobre la pobreza en México, le provocaron ternura más que molestia: “Mira nada más. Como tengo una niña de un año y dos meses, a veces ando algo frágil de los sentimientos y me dio mucha ternura cuando él decía que había disminuido la pobreza”. La verdad es que Gamés también anda frágil del sentimiento y como que le entran unas euforias medio raras. Por eso decía Gil en el inicio de esta página del fondo que la vida pública le parecía un mambo. ¡Venga! ¡Arghh!: Que sí, que no, El macalacachimba; que sí, que no, El ruletero. Vamos bien.
La frase se reventaba el mambo de Pérez Prado, por este motivo apenas y pudo dejar su contenido en el amplísimo estudio: “Nada se olvida más despacio que una ofensa; y nada más rápido que un favor”.
Gil s’en va
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