Susana López Aranda
Los chocarreros espíritus de la distribución cinematográfica, en otra de sus raras jugarretas sustituyeron el título de la película (The Place Beyond the Pines) por el que se cita al principio. El original tenía más sentido, ya que se trata de una traducción libre de la palabra de raíces mohawk Schenectady, que es el nombre del pueblito en el que transcurre la trama.
Ubicado en el estado de Nueva York, Schenectady curiosamente ha tenido una importante presencia en la cultura estadounidense, que va desde fungir como hogar natal tanto de la Daisy Miller de Henry James como del maligno Doctor Octopus de Marvel, hasta albergar el demencial set de Synecdoche, New York (Ch. Kaufman,2008).
Por su estilo e historia, dicho poblado funciona como arquetipo de lo “americano” y es el escenario perfecto para lo que se nos cuenta.
Estructurada a manera de un tríptico clásico, la película en sus dos primeras partes plantea cómo la caprichosa fortuna enlaza las vidas de un motociclista de feria (Gosling), que al descubrir que es padre accidental de un bebé, decide asumir su paternidad y para proveer al vástago se convierte en ladrón de bancos, con la de un policía (Cooper) que tras ultimar al ladrón motorizado, se convierte sucesivamente en héroe, blanco de la corrupción, soplón y exitoso político. El policía también es padre novato. La tercera parte, la más débil, que prolonga quizás en exceso la duración (140 mins.) de la película, cierra 17 años después, con otro cruce en el que el destino (bueno, y los guionistas) junta a los hijos de ambos en una tortuosa relación que aúna diferencias de clase, abandono, hastío, y drogas.
La tercera obra del realizador Derek Cianfrance (Triste San Valentín, 2010), muestra claramente un plausible afán por trascender la pintura realista, para intentar algo mucho más ambicioso: a partir de elementos de la tragedia griega (patente en nombres de personajes y lugares), reflexionar sobre temas como la responsabilidad, la hombría, el vínculo entre padre e hijo, el destino, el peso de errores pasados, las consecuencias de cada una de las encrucijadas morales que enfrentan en todo momento los personajes…
Simplemente por estas aspiraciones, la película se despegaría del grueso de la producción comercial gringa, y más aún cuando se atiende a la forma y estilo con los que Cianfranco despliega el tejido de la trama. Fiel a su origen independiente, elige una narrativa entrecortada, que utiliza de manera sobresaliente una cámara móvil e intrusiva (la secuencia de la persecución policiaca especialmente) que comunica cabalmente una sensación de cercanía, de urgencia a todo el filme.
A pesar pues de sus fallas (el ritmo y la tensión en la tercera parte decaen notablemente), la irrupción de alguien como Cianfranco dispuesto a desafiar lo convencional, resulta bienvenida.
suslopez@hotmail.com
