¿Es un ave, es un avión?

Susana López Aranda

Así empezaba siempre la serie de televisión protagonizada por el rechoncho y malogrado George Reeves y la contundente respuesta inmediata era: ¡No, es Superman! Todo esto dicho con tono nasal y acento antillano… Pero eso fue allá por los años 50, cuando los superhéroes entraban de un brinco por la ventana y con elementales trucos, simulaban volar acostados sobre una mesa.

Todo era más simple e inocente entonces, o si se prefiere, mucho más torpe. Era sin embargo, divertido y los niños y aún los papás de los niños, solían asombrarse con las hazañas del alienígena de historieta, enfundado en mallas azules y capa roja que medio se disfrazaba de reportero en los ratos que no estaba salvando a los habitantes del planeta Tierra.

En cine, las aventuras sin duda más recordables de Superman fueron las de 1978 (Richard Donner) y la segunda parte, dirigida en 1980 por Richard Lester, con el también infortunado Christopher Reeve. En esta cinta, Superman se enfrentaba a su compatriota, el archivillano General Zod (un estupendo Terence Stamp), en una batalla de verdad épica; eso, más el socarrón humor de Lester y la refrescante presencia de Reeve, convirtieron a Superman II en la más disfrutable de la saga.

Mas para asombrar hoy día al espectador, hace falta poner en juego todo el arsenal de adelantos tecnológicos y la pirotecnia de efectos digitales; eso y una revisión o más bien, una reinvención para llevar al superhéroe más antiguo, al complicado siglo XXI. Así, el espectacular regreso de El hombre de acero, recibe un tratamiento similar al emprendido con Batman, por el productor y guionista Christopher Nolan (en colaboración con David S. Goyer). Aquí, en una narración a-cronológica, que explica el pasado en constantes flashbacks, se hace énfasis en la condición no humana del personaje, es decir en su inevitable soledad y alienación y en el peso de sus responsabilidades. Cargando con la educación recibida de dos padres estrictos, el biológico y el terrestre, Clark Kent/Kal-El, oculta sus poderes, mientras lucha con sus facetas oscuras, hasta que aparece el temible Zod (el siniestro Michael Shannon). Ahí se desata el desorden y el desgarriate es total. Durante casi el último tercio de la cinta, se dan con todo lo que encuentran y debido a los superpoderes que tienen, acaban destrozando buena parte de Nueva York. Desde luego, es un show desaforado de acción violenta, que en buena medida también arrasa con el intento de presentar una trama y personajes un poco más complejos y sofisticados. Tal vez la tosca mano del realizador de 300 o Watchmen pesó demasiado, lo que queda clarísimo es que al final, la película se inclina decididamente hacia el entretenimiento más aparatoso posible, y la verdad, en 3D y formato IMAX, es un formidable espectáculo.

suslopez@hotmail.com

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