Susana López Aranda
Lo mejor del resbalón más reciente de Almodóvar, la comedieta gay Los amantes pasajeros, es que se acaba rápido y lo único rescatable, hay que decirlo, es el título.
Las ocurrencias de la tripulación y las dizque aventuras de unos pasajeros de clase premiere —mientras los de clase turista duermen el sueño de los dopados-, a bordo de un avión cuyo destino es la ciudad de México, se desinflan a toda velocidad y acaban al estilo de Asiana Airlines, esto es, en desastre total.
Para contrarrestar la mala experiencia, nada más recomendable que una generosa dosis de hecatombe zombi… Perseguida por rumores de líos desde el comienzo, cuando la compañía de Leonardo Di Caprio y la de Brad Pitt se enfrascaron en fuerte puja por conseguir los derechos de la novela de Max Brooks, World War Z: An Oral History of the Zombie War, la película luego enfrentaría otros problemas serios durante la elaboración del guión (al parecer más de medio Hollywood metió la mano en ello), con los dineros, con la pre y aun con la postproducción.
La novela de Brooks (hijo por cierto de la actriz Anne Bancroft y del comediante y realizador Mel Brooks), que está armada como un conjunto de entrevistas en las que los sobrevivientes narran diversos episodios del combate contra los zombis, desde su publicación en 2006, se convirtió en un hit literario con legiones de seguidores.
Para decepción de éstos la película conserva de su fuente original poco más que el nombre. Un inicio escalofriante en el que un embotellamiento común y corriente se transforma en trampa mortal con la irrupción de hordas de infectados por misterioso virus da paso a que un héroe bastante convencional, claro el noble, valiente y habilidoso Pitt, busque por todo el arrasado planeta Tierra cómo remediar el mal del zombi. En el polo opuesto de lo que solían ser las películas clásicas del género cuando George Romero aterrorizaba al espectador con poquísimo presupuesto, en blanco y negro y con espeluznantes no-muertos que se arrastraban lentamente, Guerra Mundial Z es en resumen la transformación de un género habitualmente marginal, en espectáculo veraniego de consumo masivo.
Detalles curiosos, el alto muro que construye Israel para supuestamente contener la invasión resulta tan inoperante como cierto muro que construyen los gringos, quizás precisamente por eso cerca del final se informa que México ha sido arrasado, vaya ¡que no queda nada! Primero la amenaza del vuelo de Almodóvar y luego esto. Se agradece la atención internacional, pero más parece violencia innecesaria.
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