FIFA, go home!

Montserrat Salomón.

Tenemos que aceptarlo, el fútbol tiene una fuerza arrasadora que opacará tanto la discusión en México de las reformas como las manifestaciones por el alza de los servicios y la distribución del gasto público en el país amazónico. Es una realidad: al pueblo pan y circo.

Desde abril, en Brasil se han proliferado manifestaciones y huelgas de los más diversos sectores; destacándose la del metro y la de los policías, sectores clave para el éxito de la Copa de la FIFA. Ante la inminente inauguración del evento, el gobierno brasileño ha respondido reforzando la seguridad llevando al ejército a las calles y amenazando con elevar la categoría del delito de vandalismo a terrorismo… La estrategia es meter miedo y bloquear el acceso de los manifestantes a los estadios.

¿Qué piden los manifestantes? En algunos casos ajustes salariales; en otros, obra pública y, en general, una mejor repartición de la riqueza. El gobierno de Rousseff afirma que todo este barullo se debe a que algunos líderes sindicales están aprovechando la ocasión para promoverse y chantajear con peticiones fuera de proporción. Me queda claro que algo hay de esto, pero también se comprende la respuesta de algunos líderes en el sentido de que no hubieran tenido que llegar a estos extremos si el gobierno los hubiese atendido con oportunidad.

¿Qué hace la FIFA ante esta coyuntura? Responde con la misma calidez y preocupación de siempre. Para muestra, la declaración del Presidente de la Federación Brasileña de Fútbol ante la huelga de los trabajadores del metro que tiene en vilo la inauguración del Mundial: “Es un problemita menor. Si no hay metro, pues que la gente vaya en autobús o en coche.” La falta de sensibilidad social que muestra este hombre es la punta del iceberg que ha desatado esta problemática.

Brasil es una marca bien posicionada en el mercado internacional. Es un país que ha trabajado bien y que está gozando del fruto del esfuerzo de buenas administraciones. El problema es la falta de sensibilidad social que se está teniendo a la hora de distribuir ese bono económico. Se redujo el desempleo, sí, pero ¿se aumentó la renta promedio de los brasileños? No. Creció el país en lo macro, sí, pero ¿ese dinero ha llegado al bolsillo de los más necesitados? No. Se gastaron millones en estadios que serán elefantes blancos vacíos e inútiles. ¿Y si mejor se gasta en escuelas y hospitales? El enojo es comprensible.

Así, Brasil enfrenta una problemática de tres bandas: los manifestantes y huelguistas inconformes enfrentados a un gobierno con las manos atadas y la preocupación de mantener en alto la marca “Brasil”, aderezado con la presencia de la FIFA, interesada únicamente en lucrar con uno de los eventos más populares a nivel mundial.

msalomonf@gmail.com

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Javier Solórzano Zinser │ *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón