¿Monogamia?

Si somos monógamos por naturaleza o no, da igual. Porque no hay nada puramente natural en nuestra humanidad. Porque toda experiencia de la sexualidad es: humana, construida socialmente e idiosincrática. Las dualidades cartesianas, que separan todo en sólo dos dimensiones, no sirven para analizar los dilemas de las personas, las controversias que levantan pasiones en las comidas familiares y que a veces, separan a los que se quieren en dos bandos: a favor o en contra.

Qué es lo que mantiene a dos personas juntas, porqué debe permanecer junta una pareja, qué lugar le darán a los placeres y si el placer no es importante, qué lo es. Asuntos que solo podrá responder la pareja. Solo la pareja.

El significado de “nosotros” es una pregunta filosófica. Qué es una pareja, cuáles son los ideales y anhelos que la caracterizan, qué simboliza una pareja que permanece junta y que decide pactar fidelidad. Quizá el problema para empezar, es que se da por hecho la monogamia y no la infidelidad. Si fuera al revés, si se diera por hecho la necesidad de la transgresión para avivar el deseo, quizá nadie daría por hecho que la monogamia es capaz de sostenerse exclusivamente con voluntarismo. Los discursos sobre la fuerza de voluntad solo le funcionan a los creyentes o a los estoicos. Al resto de la humanidad, no.

Todos, alguna vez, han estado obsesionados por haber sido excluidos. La infidelidad es el modelo fundamental de exclusión: a dónde fuiste, qué hiciste, qué sentiste: sin mí, lejos de mí, excluyéndome.

Insisto en que los modos cartesianos de pensar sólo admiten opuestos dentro de un continuo: o materia o mente. O del lado del bien monógamo, o en el mal de la promiscuidad. Pero nadie se detiene a pensar que ambos son unos idealistas: el monógamo cree que el deseo permanente por una sola persona es posible. El promiscuo está seguro de que en el siguiente cuerpo encontrará la redención a su soledad o que colmará todos sus deseos. A diferencia de los cínicos, que siempre están decepcionados y que antes de las experiencias, pronostican su fracaso.

Hacer pareja requiere de una fina coordinación de dos. ¿Quién le enseña a la pareja lo que tiene que hacer, cómo ha de quererse, cómo salvaguardar los aspectos vergonzosos del otro bajo el velo del amor?

La sobrevivencia del recién nacido depende de algo que podría ser descrito como monogamia. Para que el crecimiento ocurra, el niño en desarrollo tendrá que traicionar a sus padres, ser infiel. La infidelidad a los padres es la más difícil e imprescindible para que nazca un adulto. Es un logro extraordinario que un adulto logre serle infiel a sus padres, para encontrar una pareja. Es posible que debido a que el bebé es monógamo y gracias a ello sobrevive, se deposita en esta forma de relación amorosa un mundo de significados: honestidad, bondad, seguridad, venganza, castigo, dinero, confianza, humillación, reglas confianza, envidia.

Si la despojamos de su halo de santidad y dejamos de pensarla como el lugar privilegiado de todas las cosas buenas, quizá podamos entenderla mejor, dejar de darla por hecho, entenderla como una conquista psíquica y emocional de una pareja que en lugar de pensar en hacerse viejos juntos, anhela retos y novedades que les permitan hacerse jóvenes, juntos.

* Basado en el libro Monogamy, Adam Phillips, Vintage Books, 1996

*Vale Villa es psicoterapeuta sistémica y narrativa desde hace 15 años. Este es un espacio para la reflexión de la vida emocional y sus desafíos.

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