Quedó en nuestra memoria esa imagen de Michael Jackson mostrando a sus bebés recién nacidos tapados con una manta, a través de una ventana, con riesgo de que los soltara al vacío. Si bien ya estábamos acostumbrados a sus excentricidades, saberlo padre era la nueva.
Sus dos hijos mayores los tuvo con una enfermera que lo admiraba y en un breve matrimonio accedió a cederle la custodia y patria potestad de los dos niños, el tercero lo tuvo al alquilar un vientre.
Paris, su segunda hija, actualmente de 21 años creció en Neverland, un gran rancho en California, que era como un parque de juegos a todo lujo y que Michael llamó así por su identificación con Peter Pan, a la niña le decía que ella era Campanita. Cuando aparecía con sus hijos ante los medios estaban tapados con máscaras (por seguridad) y la primera vez que los pudimos ver fue en 2009 cuando la niña dio un discurso en el funeral de su padre, ella tenía 11 años. Los tres pasaron a la custodia de su abuela paterna, quien los integró con el resto de sus nietos y por primera vez asistieron a la escuela.
El mes pasado surgieron los rumores de que Paris iba a ingresar un hospital psiquiátrico para tratarse una “crisis emocional”.
En los últimos años, la ahora actriz ha hablado abiertamente sobre su batalla contra la depresión y la ansiedad. En 2013, cuando tenía 15 años, fue hospitalizada por un intento suicida: tomó una sobredosis de medicamentos y se cortó la muñeca con un cuchillo. En una entrevista con la revista Rolling Stone, en 2017, confesó que lo ha intentado muchas veces “fueron varias, me odiaba a mí misma, tenía muy baja autoestima, pensaba que no podía hacer nada y que no merecía vivir”, “también me hago cortes en los brazos que tapo con tatuajes”. A esto se agregó la adicción a alcohol y a drogas y un evento traumático cuando fue violada a los 14 años por un adulto desconocido, situación que nunca le dijo a nadie. Afirma: “me considero negra, mi papá me dijo que siempre me sintiera orgullosa de mis raíces y mi color y él no decía mentiras”, sin embargo, en realidad es blanca.
Sufrió mucho la muerte de su padre, pues lo describe como un hombre bueno y cariñoso que jugaba todo el tiempo con ellos y les cocinaba sus platos favoritos.
La Identidad fue definida por el psicoanalista Erikson, en 1968, como “la capacidad de ser la misma persona a lo largo de la vida y donde quiera que se encuentre”, se construye desde la infancia con base en las identificaciones con los padres y en las experiencias de la crianza. El mismo autor definió la “identidad difusa” como aquélla que tiene estas características: rasgos contradictorios, falta de continuidad a lo largo de la vida, no son auténticos, tienen sensación de vacío, poca claridad acerca de sus atracciones sexuales y valores morales y étnicos mal conformados, se presenta en varios desórdenes de personalidad, pero sobre todo en los limítrofes y uno de los síntomas patognomónicos es la ansiedad.
Para Paris Jackson, construir una identidad tuvo todo en contra: no tuvo relación con su madre, su padre le decía que era de un color diferente al real y que era el personaje de un cuento, su contacto con el mundo era nulo, vivía en un parque de diversiones, sobreprotegida y sin el conocimiento que un menor debe tener de la realidad.
Debido a la “identidad difusa” ocurren las autolesiones especialmente el cutting (cortes superficiales en diferentes partes del cuerpo) que producen liberación de opioides que llevan al enfermo a una calma momentánea para después caer en un cuadro de depresión.
El profesor de Psiquiatría del Departamento de Ciencias de la Conducta en la Universidad de Washington, Seattle, John A. Chiles, en su libro Clinical Manual for the Assesment and Treatment of Suicidal Patients (2019) afirma que las conductas suicidas acompañan una gran variedad de enfermedades mentales y el tratamiento debe diseñarse de forma personalizada para cada paciente. En el caso de Paris Jackson se conjugan episodios de depresión, abuso de sustancias y trastorno de personalidad limítrofe por lo que su tratamiento debe ser combinado: lograr la abstinencia de drogas, fármacos antidepresivos y psicoterapia a largo plazo que le permita trabajar en la construcción de su identidad.
La conducta suicida sucede en momentos de dolor mental, en donde predominan: tristeza, culpabilidad, aburrimiento, vergüenza y angustia, los cuales deben tratarse, porque si bien en la vida el dolor es inevitable, pero el sufrimiento prolongado no lo es.
En sus palabras: “pensaba que su nombre era papi, papito. Realmente no sabíamos quién era, pero él era nuestro mundo y nosotros éramos su mundo”.
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