La 4T enarbola el combate a la corrupción. Al mismo tiempo, el desprecio a la meritocracia “fifí” la lleva a depender más de redes personales que del reconocimiento de capacidades profesionales. Meritocracia significa pagar a las personas de acuerdo con el trabajo que hacen, pero la 4T pone topes a ese pago.
La meritocracia supone que los ingresos sean de acuerdo con la experiencia y los grados académicos, pero la 4T sospecha que detrás de ellos siempre hay privilegios de clase social. La parte positiva de la política de la 4T es que busca la igualdad social, pero algunos incentivos al trabajo duro ya han desaparecido ¿Para qué estudio o trabajo más si ganaré lo mismo que otros que no saben y sólo hacen grilla?
Sabemos que muchas personas exitosas lo son principalmente por sus ventajas familiares e, incluso, por el tono de su piel y el color de su cabello. Pero este último hecho no borra otro alarmante: antes de la 4T, los mejores profesionistas ya se quejaban de la falta de meritocracia en México, debido al amiguismo y al intercambio de favores. Lo llamábamos corrupción. Y la 4T es aún menos meritocrática.
Que un servidor público gane más que el Presidente ya está prohibido. Ese principio no sólo ha expulsado hacia el sector privado o, incluso, al extranjero, a algunos de los mejores profesionistas mexicanos, sino que en una versión similar, pero aplicada a los beneficiarios de los servicios de salud, está poniendo en peligro de muerte a algunos enfermos. Que en el sistema de salud público un enfermo reciba tratamientos igual o más costosos que el salario del Presidente les parece intolerable a los funcionarios de la 4T. Incluso para atender una enfermedad grave que el paciente no provocó. Pero ¿debe estar prohibido? ¿Incluso si la persona moriría sin esos tratamientos? En caso de que usted, querido lector, responda afirmativamente, asuma claramente que está poniendo al Presidente de la República no sólo como medida de la medianía republicana, sino de la vida y de la muerte.
En concreto, las personas con hemofilia están en riesgo. No son pacientes ordinarios. Cuando llegan a un centro de salud con una hemorragia y los hacen esperar, pueden desangrarse en media hora o, incluso, morir de dolor. En el pasado, cuando sus medicamentos han sido sustituidos por otros chinos, para ahorrar, contrajeron hepatitis C. Hay pánico entre personas con hemofilia porque la 4T pretendería cerrar la mejor clínica de hemofilia de México, ubicada en el Banco Central de Sangre del Centro Médico Nacional Siglo XXI del IMSS. Al enviarlos a hacer la cola en hospitales menos especializados, habrá tragedias. Que ningún funcionario gane más que el Presidente tiene daños colaterales, pero es moralmente defendible. Pero usar el mismo patrón de medida para poner topes a los subsidios a algunos enfermos es dejarlos morir. No es acabar con privilegios, sino con vidas.

