El domingo se celebraron dos elecciones importantes en Latinoamérica: la segunda vuelta presidencial en Guatemala y las elecciones primarias (llamadas PASO, Primarias Abiertas Simultáneas Obligatorias) en Argentina.
Alejandro Giammattei, presidente de Guatemala. Tras dos previos intentos por conseguir el gobierno de la ciudad de Guatemala y cuatro la presidencia (desde 2007), que le habían sido esquivos, la decisión ciudadana en esta ocasión favoreció a Alejandro Giammattei. Tal vez ahí resida su principal virtud y la clave de su éxito: en un país que no ha podido consolidar un sistema sólido de partidos políticos desde su retorno a la democracia, en 1985, distintos liderazgos se han ido decantando para conformar ofertas ad hoc para cada proceso electoral. Giammattei supo pavimentar pacientemente su camino a la presidencia, particularmente tras el lamentable episodio de la acusación de ejecuciones extrajudiciales por el caso de la Granja Penal de Pavón, de la cual fue plenamente exonerado. Los desafíos que tendrá que resolver su gobierno no son menores. Guatemala es un país que, si bien ha dado lecciones ejemplares de castigar actos de corrupción —que han alcanzado a presidentes y vicepresidentes que han sido juzgados y sentenciados—, parece haber agotado tanto los mecanismos internos como externos de procesamiento de dichos casos: ante excesos de la aún apreciada a la vez que polémica CICIG (Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala), hay un consenso político básico en no renovar su mandato, que termina en septiembre. El saldo deficiente de Jimmy Morales, el presidente saliente, será difícil de revertir: 60% de la población viviendo bajo la línea de pobreza, enormes problemas de inseguridad y una importante crisis migratoria. Ante las amenazas comerciales y arancelarias de Donald Trump, Morales aceptó, sin meter las manos, un acuerdo —de dudosa constitucionalidad y aplicación, ya que actualmente se encuentra suspendido por un juez federal en Estados Unidos y requiere aprobación legislativa— que pretende convertir a Guatemala, para todo efecto práctico, en un tercer país seguro ante la migración salvadoreña y hondureña, principalmente. Dadas las opciones que se presentaban, parece que la mayoría ciudadana guatemalteca optó por la opción correcta.
El kirchnerismo recupera el vértice de poder. La percepción ciudadana y las encuestadoras pronosticaban unas elecciones primarias muy cerradas, con una ligera inclinación a favor de la fórmula de Alberto Fernández y la expresidente Cristina Fernández de Kirchner. Pero la magnitud del voto oculto por el kirchnerismo sorprendió a propios y extraños: no fueron los tres puntos porcentuales esperados, sino más de quince. La grieta que divide socialmente a los argentinos se profundizó e inclinó el péndulo electoral. Es evidente que al presidente Mauricio Macri y a su gobierno se le castigó por el estallido de la grave crisis económica que padece el país desde finales de 2018, crisis en buena medida generada por las medidas adoptadas por los gobiernos kirchneristas. Pero la narrativa del populismo peronista dominante le ganó la batalla argumentativa a la conducción responsable, pero ineficaz en términos económicos, del gobierno de Macri.