El ADN neoliberal del celebrado T-MEC

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Foto: larazondemexico

La Casa Blanca y los demócratas en la Cámara de Representantes alcanzaron un punto de acuerdo para que Estados Unidos ratifique el T-MEC, de ser posible, el miércoles 18 de diciembre. Lo demás será lo de menos.

En Canadá el nuevo acuerdo será aprobado por su parlamento sin mayores obstáculos y aquí, el Congreso se encargará de hacer los ajustes necesarios para ya no reabrir el expediente sino solamente añadirle apéndices puntuales en materia laboral, de medicamentos bioequivalentes, cuotas de origen para acero y aluminio, entre los más relevantes.

Finalmente, el T-MEC será procesado y podría entrar en vigor incluso antes de terminar el primer semestre de 2020. Ésa es una buena noticia. La nueva arquitectura comercial entre los tres países del norte de América pone a nuestro país en una posición de ventaja frente a la inminencia de la dilatada confrontación mercantil entre Estados Unidos y China.

Cerrar el prolongado periodo de negociación comercial permite, en términos políticos, cierto blindaje (al menos en la materia) frente al convulso ambiente electoral que oficialmente será inaugurado a finales de enero en Estados Unidos y en el cual, el Presidente Trump será tan protagonista como veleta. Y ésa es otra buena noticia para México.

Cerrar hoy mismo, aunque sea de manera protocolaria el T-MEC, corona un largo periplo de negociaciones internas, las cuales encabezó el exsecretario de Economía Ildefonso Guajardo, al lado del entonces canciller Luis Videgaray, y continuadas desde los tiempos de transición por el subsecretario para América del Norte, Jesús Seade; la conclusión exitosa de múltiples pulsos de fuerza confirmará el ADN neoliberal de un acuerdo comercial transexenal y ajeno al discurso nacionalista y doméstico del gobierno de la 4T.

En ese sentido, cabe la pregunta: ¿A qué costo México logra concretar el T-MEC? Ésa será la cuestión clave y su respuesta no se dará de manera inmediata sino a lo largo de los próximos años, observando el impacto que las nuevas reglas traerán para las condiciones laborales de trabajadores y empresas, el resultado en términos de competitividad que tendrá en sectores como el automotriz y el de la maquila.

Habremos de ponderar si satisfacer las exigencias de corporativos sindicales estadounidenses empata con el ánimo democratizador de la vida gremial nacional; si los paneles de controversias laborales con terceros agentes neutrales se traducen en derrotas mexicanas frente a controversias proteccionistas por parte de nuestro vecino del norte.

A contrapelo de la retórica progresista y nacionalista, la ratificación del Tratado Comercial entre Estados Unidos, México y Canadá confirma que la distancia entre el discurso y la real politik es mayúscula.

Muchos de los enunciados de la 4T pasan por el crecimiento y desarrollo económico, y éstos no necesariamente están al alcance sin la convivencia multinacional en un entorno de capitalismo puro y duro. La celebración de hoy confirma que ahora toda transformación interna depende también de asociaciones externas. Y bien neoliberales.

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