Ayer por la mañana, el grupo terrorista Hamas anunció que el jueves entregaría los cuerpos de cuatro ciudadanos israelíes secuestrados el 7 de octubre de 2023, entre ellos los de la familia Bibas: Shiri, una madre de 33 años, y sus hijos Ariel y Kfir, de cinco y dos años, respectivamente.
La noticia es devastadora. Independientemente de la postura que se tenga sobre el conflicto, el corazón no puede permanecer ajeno a la crueldad de los hechos: secuestrar y asesinar a una madre junto con sus hijos pequeños, retener sus cuerpos durante meses para intercambiarlos por personas vivas. No hay forma de comprender esto; mucho menos, razones que lo justifiquen.
El 17 de enero de 2024, a propósito de los primeros 100 días del secuestro, escribí en La Razón sobre Ariel Bibas, el pequeño pelirrojo de cinco años que vimos en un video durante los primeros días del conflicto, perdido en medio de una turba enardecida. Ariel aparecía desorientado, mirando a todos lados y a ninguno, buscando a su mamá, mientras niños y adultos a su alrededor se burlaban de él, lo empujaban y le decían palabras que no comprendía.

“Trazas de hidrocarburos, trazaaas”
Parecía arrojado a la existencia sin comprender su lugar en el mundo. ¿Qué puede entender un niño de cuatro años sobre tensiones geopolíticas? ¿Por qué un grupo de extraños lo maltrataba? ¿Qué había hecho él? ¿Se había portado mal? ¿En qué se había equivocado?
En nada. Ariel no era responsable de absolutamente nada. No hay justificación alguna para que haya sido arrebatado de su mundo y de su infancia. Mucho menos, para que lo hayan asesinado.
La noche del 7 de octubre de 2023, dos estados coexistían en condiciones de relativa paz. No era un acuerdo ideal, pero permitía a los ciudadanos de ambos lados llevar una vida normal. Entonces, el ataque terrorista de Hamas redefinió los límites de la crueldad. En respuesta, el 11 de octubre, Israel lanzó una ofensiva sin precedentes. Desde entonces, la sombra de la guerra ha oscurecido Medio Oriente, dejando a su paso muerte, destrucción, discordia y confusión.
El acuerdo del último cese al fuego incluía la liberación de 33 rehenes, vivos o muertos. El jueves se entregarán cuatro cuerpos, y el sábado, los últimos seis varones de esta primera fase.
Para cualquier familia, poder enterrar a los suyos es fundamental. Ver sus cuerpos ayuda a comprender la ausencia definitiva e iniciar el duelo. En México lo sabemos bien: es el motor que impulsa la incansable lucha de las madres buscadoras, quienes necesitan evidencia tangible de que sus hijos han fallecido. ¿Para qué? Para poder llorarlos y comenzar, tal vez, a sanar.
Se espera que el próximo sábado sean liberados seis rehenes más: Omer Shem-Tov, Eliyah Cohen, Omer Wenkurt, Tal Shem, Avera Mengistu y Hisham A-Sayid, un ciudadano beduino que ha estado secuestrado por más de una década.
vlopezvela@gmail.com / @ValHumanrighter

