ACORDES INTERNACIONALES

La lógica de la humillación

*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón. Foto: larazondemexico

Las organizaciones no gubernamentales suelen ser puntos de encuentro en las sociedades. En muchas ocasiones, mediante acciones comunitarias, trazan puentes de solidaridad que fortalecen la cohesión social. Ése era el caso de Derech Hachlama (Caminos de Recuperación), una organización de voluntarios israelíes que proporcionaba transporte a enfermos gazatíes, especialmente niños.

Oded Lifshitz fue uno de los miles de voluntarios que participó en Caminos de Recuperación. Su labor consistía en trasladar a niños gazatíes enfermos a hospitales mejor equipados en Israel. En incontables ocasiones, se le vio conduciendo su automóvil, cruzando la frontera acompañado por menores en busca de atención médica.

Además, Oded fue un activista en favor de la paz entre israelíes y palestinos: un incansable defensor del diálogo y los derechos humanos de los gazatíes.

Durante quince años, Caminos de Recuperación trabajó de manera ininterrumpida, pero suspendió sus actividades tras los acontecimientos del 7 de octubre de 2023. Ese mismo día, Hamas secuestró a Oded Lifshitz y a su esposa, Yocheved Lifshitz, en el kibutz Nir Oz.

Yocheved permaneció secuestrada varias semanas y logró regresar a casa en el primer intercambio de rehenes. Desde entonces, esperó el regreso de Oded. Sin embargo, la guerra se prolongó y transcurrieron 503 días antes de que Hamas accediera a enviarlo de vuelta.

Oded no volvió solo. Una vez más, llegó acompañado de dos niños: Ariel y Kfir Bibas. Pero esta vez no conducía su camioneta ni viajaba sentado. Hamas entregó sus cuerpos en ataúdes. Ignorando los años de ayuda que brindó a los niños gazatíes, el grupo lo asesinó y envió un mensaje macabro a la sociedad israelí, despreciando incluso a quienes, de alguna manera, los han ayudado.

En el funeral de su esposo, Yocheved dio este mensaje: “Nuestro secuestro y tu muerte me perturban. Luchamos todos estos años por la justicia social y la paz. Lamentablemente, sufrimos un duro golpe por parte de la gente a la que ayudamos del otro lado. Estoy aquí atónita, viendo la cantidad de tumbas y la terrible destrucción de nuestra comunidad, que quedó completamente abandonada el 7 de octubre. (…) La realidad me golpea en la cara y el dolor es inmenso”.

Aunado a esto, Hamas ha convertido la entrega de los rehenes en ceremonias de humillación: obliga a las víctimas del secuestro a saludar al público, aceptar un “certificado de liberación”, responder preguntas humillantes y besar en la frente a sus captores.

¿Por qué hace esto Hamas? Encuentro dos razones. Primero, porque utiliza las imágenes como propaganda para continuar el asedio psicológico contra las familias de los rehenes. Segundo, porque el daño infligido no le resulta suficiente: disfruta la humillación y encuentra satisfacción en violar la condición humana, en exigir sumisión absoluta. No comprende el respeto a la dignidad ni el agradecimiento. Sólo los perpetradores buscan y se regodean en la humillación.

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