Decir que México “libró” el miércoles los aranceles de Trump no es necesariamente preciso. Es cierto que no entramos directamente en el paquete, pero la semana pasada nos adelantó el presidente la parte que nos tocaba en materia de producción de automóviles.
El 2 de abril también nos tocó nuestra parte de aranceles sin entrar en el terreno de lo recíproco. Se le impuso a México una tasa de 25% a las latas de cerveza o refresco que exporta a EU, producto que es de importancia para nuestro país.
Sumemos que Trump se lanzó con todo en contra del T-MEC, hecho que vislumbra los días muy complicados que se le vienen al tratado, lo cual pone en duda su futuro.
Es cierto que no aparecemos en la lista, pero es importante señalar que en caso de que México cumpla con la cuota que quiere Trump en materia de fentanilo y migración el impuesto de 25% en productos que no están contemplados en el tratado bajarían a 12%. Para que nos demos una idea el arancel que le impuso a Brasil alcanza 10%, lo que quiere decir que nosotros como vecinos y socios tendremos una tasa más alta, siempre y cuando cumplamos los “objetivos” de Trump.
No hay motivo para ningún festejo ni para plantear de manera tajante que la libramos. Las cosas se mantienen en buena medida igual de lo que se ha venido dando desde el 2 de marzo. Con razón decía ayer Ildefonso Guajardo que por más que a los otros les hayan cortado la oreja, como sea, a nosotros nos rompieron los dientes.
No se aplicaron aranceles recíprocos a México, porque tenemos un instrumento que, por ahora, sigue teniendo vigencia, aunque se vea cerca de su final: el T-MEC. Sin el tratado todos los productos de México tendrían en este momento un arancel del 25%.
Tendremos que revisar qué tanto la estrategia del Gobierno ha dado resultado. Canadá ha optado por enfrentar a Trump, en tanto que México ha decidido ser prudente, en ambos casos los resultados han sido los mismos. El Gobierno ha llevado a cabo diferentes estrategias sin que a esta hora se vea que tenga resultados diferentes, lo que no le quita valor alguno a la búsqueda del diálogo y la prudencia.
El “envío” de 29 narcotraficantes como moneda de cambio en seguridad nos podría llevar paradójicamente a un lío mayor, porque al menos tres de las personas enviadas podrían tener una sentencia de pena de muerte.
En caso de que se cumpliera esta sentencia, nos pondría en medio de un gran problema interno. Por lo pronto, significaría que el Gobierno los “envió” sin ningún tipo de consideración ni negociación ante la eventualidad de que se aplicara la pena de muerte a algunos de los “enviados”. Presumimos que en el Gobierno tendrían que saber que esto podría pasar; el lío está cerca de empezar.
Trump puede terminar por ser insaciable en esta materia, no perdamos del radar las ocasiones en que él u otros personajes de su Gobierno han puesto sobre la mesa el tema de la narcopolítica, asunto que ha llenado a nuestro país de especulaciones y temores.
Los aranceles, por un lado, y la seguridad y migración, por otro, van por vías paralelas. Cada cual lleva su propio camino, pero es evidente que para Trump confluyen, hecho que le es de primerísima importancia; juega indistintamente a verlos juntos y separados.
Estamos en medio de un momento particularmente complejo porque por más que se plantea la fortaleza del Plan México, no cabía para ello un acto tipo festival en el Zócalo, traemos muchos problemas que se agudizan con las imposiciones y desplantes de Trump.
En EU, la seguridad, la migración y la reforma al Poder Judicial son, independientemente de la andanada de Trump, temas de primer orden.
No la libramos, más bien nos aventaron la semana pasada nuestra cuota de aranceles.
RESQUICIOS.
La semana que viene se discutirán, con final previsible, las reformas sobre desaparecidos en el Congreso. Si la mayoría ubica a las madres buscadoras y colectivos como de “derecha”, incluso “golpistas”, el desenlace será lamentable.

