Hace unos días se hizo público el documento “National Security Strategy” de Estados Unidos, un documento de 33 cuartillas en donde se aborda la estrategia de seguridad para el segundo mandato del presidente Donald Trump.
Lo que más me llamó la atención es que realmente es muy poco lo que menciona de México, su principal socio comercial y con quien compartimos kilómetros de frontera.
El documento arranca con una crítica dura a las élites políticas estadounidenses de los últimos 30 años. Según el documento, después de la Guerra Fría, Estados Unidos se obsesionó con dirigir el orden mundial a través de bases militares, globalización económica y organismos internacionales. Pero ese modelo, dice Trump en la introducción, debilitó al país, destruyó empleos industriales y dejó a China crecer gracias a esa misma apertura.
Y es que es evidente que la preocupación de Estados Unidos hoy está puesta en China, su verdadera competencia.
Quizá lo más relevante de este documento es que Trump busca que nuestro continente trabaje con Estados Unidos y no con China.
Es lo que Trump llama como America First, “América primero”, y pretende regresar a la Doctrina Monroe, ahora renombrada internamente como el Trump Corollary. La idea es la misma que en 1823, pero con aplicaciones modernas: América para los americanos.
En términos prácticos, el documento advierte que Washington trabajará activamente para impedir la expansión de actores externos como China, Rusia o Irán en sectores considerados clave: puertos, telecomunicaciones, energía, infraestructura, minería y tecnología. Y esto es un claro mensaje para México.
La estrategia que busca el gobierno de Trump es trabajar con aliados regionales para frenar la migración, combatir a los cárteles y controlar el flujo de drogas, así como expandir la influencia estadounidense para evitar que gobiernos latinoamericanos busquen apoyo o inversión de potencias rivales, en particular China.
EL FONDO DEL CONFLICTO
Según dice el documento, a los socios obedientes se les promete acceso a tecnología, financiamiento y acuerdos. A los que se alíen con sus rivales, se les advierte que perderán apoyo.
Aunque el documento menciona poco a México por nombre, aparece en casi todos los temas clave: migración, seguridad, narcotráfico y comercio.
Para Estados Unidos una de sus principales preocupaciones es que México se desestabilice, pero la verdadera razón es que quiere un México estable para no tener que lidiar con mexicanos migrando a Estados Unidos.
Y el texto es muy claro: México debe contener a los migrantes antes de que lleguen a Estados Unidos.
Y el principal tema de preocupación de Estados Unidos con México es que nuestro país también es parte de la guerra económica con China.
Hoy Estados Unidos ha reducido importaciones directas desde China, por su parte, el país asiático ha instaladado plantas en países como México para exportar productos al mercado estadounidense con otras etiquetas, beneficiándose del tratado comercial que tiene Estados Unidos con México.
El gobierno de Trump siente que esta estrategia está ayudando a China para su expansión económica. Éste puede ser un problema clave para México en la renegociación del T-MEC.
La estrategia del gobierno de Trump es clara: o México coopera con Estados Unidos a cambio de protección, inversión y acceso al mercado, o nuestro país recibe inversión de China y entonces enfrentará presiones políticas, comerciales y estratégicas, como son los aranceles que el gobierno de Estados Unidos ha querido imponer, y eso traería consecuencias graves para nuestro vecino país, pero, sobre todo, para México.
Si México coopera con Estados Unidos tendrá protección, inversión y acceso al mercado.
México está justo en la línea donde chocan los intereses de Estados Unidos y China.
Y es que, sin duda, Estados Unidos enfrenta muchos retos en el mundo, pero ninguno le preocupa tanto como China.
Para Washington, el verdadero desafío económico, tecnológico, militar y geopolítico viene de Beijing, y es que China quiere liderar el mundo en el siglo XXI. Para entenderlo, hay que mirar de dónde viene China y qué representa hoy.
Hace 150 años era un imperio debilitado, derrotado en las guerras del opio, saqueado por potencias extranjeras y marcado por lo que ellos llaman el “siglo de la humillación”. Esa memoria histórica sigue viva y alimenta su proyecto actual: recuperar el lugar que sienten que les pertenece.
Durante la Segunda Guerra Mundial, China fue aliada de Estados Unidos y Reino Unido. Pero menos de dos décadas después, la revolución comunista transformó por completo su sistema político. China aprendió del mundo occidental, pero nunca quiso parecerse a él.
China tiene un modelo autoritario, el cual pasó de ser una economía agrícola empobrecida a convertirse en la segunda economía más grande del mundo. Produce desde celulares y autos eléctricos hasta satélites, barcos militares y supercomputadoras.
Ya no se conforma con copiar; ahora innova. En inteligencia artificial, energías limpias, telecomunicaciones y robótica, China avanza a una velocidad que Estados Unidos observa con preocupación.
La competencia ya no es sólo comercial. Es tecnológica, militar y cultural. China está construyendo barcos de guerra a una escala que ningún otro país puede igualar.
Y ahora China busca ampliar su influencia en África, Medio Oriente, AsiaCentral y América Latina. Esto es lo que realmente le tiene preocupado a Estados Unidos.
Lo que hoy vemos es el choque de dos proyectos históricos: por un lado, la potencia dominante que quiere conservar su lugar; del otro, una civilización milenaria decidida a recuperarlo. Estados Unidos no teme que China sea distinta: teme que pueda reemplazarlo. Por eso, en Washington ya no se habla sólo de competencia, sino de contención.
El escenario que viene no es una Guerra Fría clásica; es algo más complejo: una carrera por el control tecnológico, comercial, militar y narrativo del mundo.
Y aunque nadie sabe cómo terminará, algo es seguro: la historia del siglo XXI no podrá escribirse sin China y sin Estados Unidos.
Y la presión para que China no trate de acaparar espacios en México será muy fuerte por parte de Estados Unidos.
El gobierno de México tiene que jugar muy bien sus piezas, porque Estados Unidos es, con diferencia, el principal comprador de productos mexicanos.
Mientras Estados Unidos le compra a México más de 500 mil millones de dólares al año, China, en cambio, compra poco y vende mucho en nuestro país. México le exporta cerca de 10 mil millones, pero importa más de 120 mil millones, generando una relación comercial profundamente desigual.
Ése será sin duda uno de los grandes desafíos en la relación bilateral entre México y Estados Unidos.