SOBRE LA MARCHA

Habemus Presidenta

Carlos Urdiales. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón
Carlos Urdiales. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón Foto: larazondemexico

Mirar la vida pública de México y el mundo, con los ojos de la bonanza petrolera de los años setenta, de la corrupta frivolidad de un Partenón mexa o una colina perruna, nos impide desvelar los avances sociales ganados a pulso por el pueblo. Y no por liderazgos mesiánicos.

Esa mirada nostálgica tampoco ayuda a sopesar las nuevas dinámicas de control y propaganda oficiosa que se edifican digitalmente desde el poder político y económico, no siempre concurrentes. Ojo, tampoco tan enfrentados entre sí, como a la épica cuatroteísta le gusta imaginar.

Sin embargo, la evolución de pueblo, medios y burocracias colonizadoras de poder y territorio no desaparece ciertas prácticas de poder que no cambian, que son tan válidas hoy como antier.

Y en nuestro país, la consolidación del nuevo gobernante ante el peso y poder, a veces perdurable, de su antecesor, importa. Ordena y acomoda a los demás factores de peso nacional. Capitales económicos, burocracias electorales, congresos y tribus, sectores o grupos que hoy se disputan lo mismo que sus ancestros en el organigrama de la grilla nacional; el poder.

López Obrador levantando la mano de su candidata in pectore, traspaso de bastón de mando —el folclor con astucia— antes de entregar la banda tricolor, encargos dentro y fuera del gabinete, imposiciones en Congreso y padrinazgos estatales que enquistan la impunidad de la torpeza, cuando no del crimen.

El peso específico y notorio del pasado para condicionar el desempeño del presente, para acotar su margen de maniobra para el futuro.

En este México avispado, politizado y sabio, los rasgos de un deseado Maximato tabasqueño asoman. Divide lealtades y acota el rendimiento de algunos.

A un año de la administración Sheinbaum, a siete de la 4T, la primera Presidenta con “a”, nace ahora como han nacido aquellos mandatarios que sucedieron a políticos que se fueron contra su voluntad, expulsados de Palacio o de Los Pinos sólo por la norma constitucional, que si no…

Relevo en la Fiscalía General de la República, cocción a fuego lento de otras novedades en despachos estratégicos para la gobernanza interior, cambios que ponen al frente del escenario a gente afín a ella antes que a nadie, leales a ese movimiento que cobija el todo y preserva su membrete, por demás exitoso en las urnas, pero que va eclipsando a algunos “compañeros” de los que más vale cuidarse.

Científica devenida en política paciente y apasionada por el método y el trabajo más que por la inspiración cuasi mística de quien lee y traduce el sentir, monolítico, del pueblo.

Oficio que nunca se domina del todo, inteligencia para leer y establecer su propio poder a partir de controlar los enclaves más sensibles, de ésos por donde desfilan expedientes judiciales, informes de inteligencia que permiten conversar de manera más efectiva con quienes pretenden reportar a quien ya no está.

Y aunque se asome, ya no está. No se le repudia, pero ya impone su control. Su capacidad para planear su propia ruta. Y su sucesión.

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