BRÚJULA ECONÓMICA

2026 con moderado optimismo

Arturo Vieyra<br>*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.<br>&nbsp;<br>
Arturo Vieyra*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.  Foto: larazondemexico

La economía mexicana atraviesa una fase prolongada de debilidad estructural. En el ámbito interno, la desaceleración de la actividad productiva se ha vuelto evidente: las estimaciones apuntan a un crecimiento del PIB de apenas 0.5% durante el año pasado, lo que supone la acumulación de cerca de siete años de estancamiento económico, con tasas de expansión sistemáticamente por debajo del nivel potencial.

No obstante, diversos indicadores sugieren que el punto más crítico del ciclo de desaceleración podría haber quedado atrás. Durante el cuarto trimestre, algunos indicadores de producción, ventas y comercio exterior comenzaron a mostrar señales de un proceso incipiente de reactivación, si bien aún de carácter moderado.

De cara a 2026, las perspectivas económicas incorporan un mayor grado de optimismo relativo, reflejado en las previsiones de distintos analistas. Para este año se anticipa un crecimiento del PIB en un rango de entre 1.2% y 1.6%. Si bien este ritmo de expansión continúa siendo insuficiente para atender las necesidades estructurales de la economía, representa una mejora significativa respecto al desempeño del año previo y frente al promedio de crecimiento de 0.8% registrado en los últimos siete años.

A diferencia de 2025, cuando la expansión estuvo sustentada principalmente en el dinamismo del sector exportador —en particular de las manufacturas no automotrices—, para 2026 se espera que el crecimiento esté acompañado por un repunte moderado del consumo de los hogares. De acuerdo con estimaciones propias, este componente podría registrar un avance cercano al 2%, apoyado por el incremento al salario mínimo, la continuidad de los programas sociales, un entorno de menores tasas de interés, una recuperación moderada de las remesas y un mayor dinamismo del empleo formal, en línea con la evolución de la actividad económica.

Sin embargo, la debilidad de la inversión continuará siendo uno de los principales desafíos para consolidar una trayectoria de crecimiento más sostenida. Los resultados en este rubro durante la presente administración han sido decepcionantes, lo que subraya la necesidad de fortalecer el entorno de certidumbre y confianza para la inversión privada, así como de focalizar la inversión pública de manera que genere sinergias y oportunidades de complementariedad con el capital privado.

En el frente de precios, la combinación de aranceles, la introducción de nuevos impuestos y los incrementos al salario mínimo podría generar presiones adicionales sobre la inflación. En este contexto, se estima que la inflación general podría ubicarse ligeramente por encima de 4% durante el año, lo que convierte a esta variable en uno de los principales factores de riesgo macroeconómico en 2026.

En términos generales, más allá de visiones excesivamente pesimistas u optimistas —frecuentemente influenciadas por el entorno político—, el balance para 2026 permite anticipar un escenario de moderado optimismo. Los principales retos para avanzar hacia una mayor estabilidad y crecimiento se concentran en dos frentes. El primero es la consolidación de una negociación favorable del T-MEC, ámbito en el que las gestiones de la autoridad mexicana han mostrado, hasta ahora, resultados relativamente positivos. El segundo se relaciona con el fortalecimiento de la estrategia de seguridad que, a pesar de los avances obtenidos, sigue siendo un factor clave que ha incidido en las decisiones de inversión del sector privado. Avanzar en ambos frentes será determinante para sentar bases más sólidas de crecimiento económico y bienestar.

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