Entre el siglo XVI y el siglo XIX Europa colonizó medio mundo sin que nadie pudiera hacer o decir nada en su contra. Toda América fue conquistada por los europeos. Los españoles se quedaron con la mayor parte, desde California hasta el Río de la Plata. Los portugueses con el Brasil.
Los ingleses con las trece colonias, parte de Canadá, Jamaica, las Bahamas, Belice, varias islas del Caribe, las Malvinas y parte de la Guyana. Los franceses con la otra parte de Canadá, la enorme Luisiana (vendida por Napoleón I a los estadounidenses), Haití, otra zona de la Guyana y otras islas antillanas. Los holandeses con varias islas caribeñas, otra región de la Guyana y, durante algunas décadas, con el nordeste brasileño. Los rusos se apoderaron de Alaska (también vendida a Estados Unidos).
Sin hacer mucho ruido, Dinamarca se apoderó de una buena parte de América. Las Islas Vírgenes fueron de ellos entre 1672 a 1916. Pero no son esas islas antillanas las que ahora están en el ojo del huracán, sino Groenlandia, isla gigantesca que forma parte del continente americano y que sigue siendo, al día de hoy, posesión danesa. Su territorio es mayor que el de México: más de dos millones de kilómetros cuadrados. De todos los países europeos que colonizaron el continente americano, los daneses son los únicos que se han quedado con una extensión de tierra tan grande. Aunque los británicos, franceses y holandeses siguen teniendo posesiones en América, éstas son relativamente más pequeñas.
¿De qué privilegio gozan los daneses para preservar más de dos millones de kilómetros cuadrados del continente americano? ¿No es tiempo ya de que digan adiós a sus posesiones coloniales?
En su versión original, la Doctrina Monroe afirmaba que Europa debía despedirse para siempre de América y que no debía intentar recuperar sus viejas colonias o intentar apoderarse de nuevos territorios en el continente. Esa doctrina es digna de aplauso (¡ojalá que los británicos, franceses y holandeses también se acabaran de ir de América!). Sin embargo, la Doctrina Monroe pronto cambió de orientación y lo que sostuvo fue que América habría de ser una especie de protectorado de Estados Unidos. Esa segunda versión de la doctrina ha provocado muchas desgracias. Doy un ejemplo. En la guerra de 1898 entre Estados Unidos y España, la primera potencia salió en aparente defensa de la independencia de Cuba y Puerto Rico, pero lo que pronto quedó claro fue que lo que quería Estados Unidos no era la libertad de esas dos islas, sino reemplazar a la decrépita España en su dominio sobre ellas. Por esa razón, Puerto Rico sigue siendo, al día de hoy, un territorio ocupado por Estados Unidos.
¿Qué posición hemos de tomar los americanos frente al tema de Groenlandia? ¿Hemos de defender el dominio de Dinamarca? ¿Hemos de apoyar el reclamo de Estados Unidos de apoderarse de la isla?
Por una parte, los lloriqueos de los daneses y sus socios europeos son lágrimas de cocodrilo que no deben engañarnos. Por otra parte, las ambiciones de Estados Unidos tampoco pueden aceptarse. La única opción legítima es que Groenlandia sea independiente. La Organización de los Estados Americanos, debería tomar una posición clara al respecto: defender la independencia de Groenlandia frente a Dinamarca, pero defender también su independencia frente a Estados Unidos. Esa misma posición debería ser la de México en el escenario internacional.
La respuesta de Trump y sus secuaces es que la propuesta anterior es utópica. Groenlandia no puede ser un país independiente porque carece de la capacidad de defender sus fronteras. Su población es diminuta (apenas 57 mil personas), sus recursos muy limitados, su economía muy pequeña. En la política internacional, aquellos dirían, lo único que vale es la realpolitik. Las ideas de libertad y de justicia no valen en el plano global. Desde ese punto de vista, Groenlandia será de Estados Unidos, tarde o temprano. El reino de Dinamarca tendrá que aceptar que no podrá entablar una guerra con Estados Unidos para defender su posesión colonial. Ni siquiera Europa entera podrá hacer nada en contra. Lo más probable es que la bandera de las barras y las estrellas ondeará en las heladas tierras de la isla más grande del mundo.