PUNTO CIEGO

México en el jardín de Armida

Daniel Santos Flores. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón
Daniel Santos Flores. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón Foto: Especial

En 1899, John Collier pintó El Jardín de Armida, también conocido como La fiesta en el jardín. Ese lienzo nos muestra a un caballero de pie junto a una mesa, rodeado de cuatro bellas damas que lo seducen. Él permanece con el gesto serio, con una copa sobre la mesa, cubriéndola con la mano izquierda, como si desconfiara del encanto que lo rodea. La pintura nace del poema de Tasso, donde la hechicera Armida se enamora de un valiente y fiero soldado llamado Rinaldo. La hechicera, con tal de distraerlo de su misión, lo lleva a un paraíso terrenal que en realidad resulta ser una trampa. Ahí el soldado pierde el rumbo y se entrega al espejismo, hasta caer en desgracia.

Los amagos del presidente Donald Trump dejaron de ser amagos cuando dio la orden de que más de una docena de operadores élite del Ejército, llamados Delta Force, ingresaran a suelo venezolano y sustrajeran de su fortaleza al dictador narcoterrorista, Nicolás Maduro. Ese día, todo lo que muchos escribimos quedó rebasado. No sólo quedó en el pasado, quedó obsoleto. Llegó la era de acabar con la debilidad que, a los ojos del presidente, imperaba en cuanto a la diplomacia soft, con la que sus antecesores manejaron el poder. Si bien Estados Unidos siempre ha tenido las manos metidas en muchos países de Latinoamérica, vigilando que sus adversarios Rusia, China, Irán, etcétera, no ganen terreno en nuestro continente, la realidad es que, si lo vemos desde su perspectiva, los estadounidenses han sido permisivos y hasta omisos. Pero eso, hoy, se terminó.

La mira está puesta en Cuba, Groenlandia y México, y eso por la simple razón de ser los países o territorios que rodean su perímetro estratégico. Ya lo dijo sin el menor recato, palabras más, palabras menos, el secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio, a quienes se atreven a criticar la nueva Doctrina Monroe que están aplicando: Estados Unidos no va a pedir permiso para cuidar su casa.

En ese sentido, lo que nos ocupa son las declaraciones del presidente Trump cuando se refiere a México: la posibilidad de actuar en suelo nacional, usando la misma excusa que usó con Venezuela, el tema del narcotráfico. Lo ideal para México sería armar un megaoperativo sin precedentes, detener líderes, desmantelar células, cortar suministros económicos, limpiar corporaciones policiacas, apresar políticos, y todo lo que sirva para quitarle la excusa con la que pretende ordenar incursiones terrestres, marítimas y aéreas. Sin embargo, a pesar de los esfuerzos, hay un ala ligada al sexenio pasado que se niega a eso por una razón tan simple como perversa, porque buena parte de los que caerían serían ellos mismos.

Es eso o dejar de enviarle petróleo y contratarle “médicos” al principal blanco enemigo de Estados Unidos en nuestro continente: Cuba. Pareciera que es más importante cumplir con los acuerdos que firmó el expresidente con los enemigos del vecino, que evitar que éste se meta a la casa y no se salga nunca.

Hay una máxima que deben tener en cuenta: el interés superior es México. No las ideologías, no la retórica, no la propaganda. Es México y los mexicanos. Nuestra soberanía, nuestra independencia y, ese respeto que, aunque no guste, siempre prevaleció y que hoy está apenas detenido con unos cuantos alfileres.

Ni México, ni sus políticos, ni sus gobernantes pueden permitirse seguir dentro del jardín de Armida. Ese jardín es la ilusión que entretiene a los militantes mientras México se pierde. Ese jardín no está diseñado para ganar una causa, sino para distraernos y debilitarnos, dándole a nuestro vecino la excusa perfecta para cruzar la puerta. Y mientras México siga distraído en esa fiesta ideológica, la trampa se cierra. Ese jardín hoy nos tiene contra las cuerdas. Estados Unidos no se va a detener con llamadas amenas ni discursos nacionalistas, mucho menos con concentraciones masivas de apoyo. Y, por cierto, tampoco ayuda alentar manifestaciones contra su embajada.

Reenviado.

“No voy a hablar en este momento con usted sobre cuáles serán nuestras políticas ni nuestros próximos pasos al respecto, pero no creo que sea ningún misterio que no somos grandes admiradores del régimen cubano”.

Marco Rubio, secretario de Estado estadounidense, al ser cuestionado si Cuba es el siguiente objetivo militar después de Venezuela.

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