Nos salvamos juntos o nos hundimos separados.
Una verdadera comunidad sólo podrá construirse
basada en el respeto a las diferencias,
pero sobre todo basada en la justicia:
Juan Rulfo
El 7 de enero se conmemoró el aniversario luctuoso del maestro Juan Rulfo, uno de los escritores excepcionales de México. El autor de “Pedro Páramo” y “El llano en llamas”, por citar sus obras capitales, supo destacarse por una visión profunda, realista y crítica de los elementos que han configurado la psicología del mexicano, así como su identidad y sus rasgos culturales y sociales. Esta agudeza de pensamiento y sus reflexiones se conocen en su ensayo titulado México y los mexicanos: una revisión nacional en tiempos de cambio. Durante el desarrollo de este trabajo, Juan Rulfo menciona, entre otras cosas, tres ideas importantes que vale la pena destacar por su enorme vigencia y el poder de sus postulados. La primera de ellas nos dice: “Mexicano” es una definición civil. Abarca lo mismo a quien posee, gracias a su única lengua, el castellano, todas las riquezas culturales del mundo, que al campesino que abandona el campo destruido por la corrupción y la erosión, los caciques y la sequía, y busca un trabajo que no hallará en las grandes ciudades: México, Guadalajara, Monterrey. Esta metáfora que coloca al potentado y al humilde en una disparidad que encuentra su apoyo en la corrupción es, de manera sucinta, el espejo en que se reconoce el mexicano del campo y de la Montaña; pero igualmente se da el hecho de que la corrupción es la base de nuestros males y el viento que arrastra la erosión de las ideas, que habla de los castigos y de una humanidad que aun no sabe lo que es vivir en un verdadero Desierto. El segundo concepto que aborda, me resulta igualmente extraordinario en tanto que, el paralelismo que planta Juan Rulfo entre dos culturas aparentemente diferentes, resulta ser la visión de las actuales potencias económicas y militares: Frontera entre dos civilizaciones que se oponen desde que los romanos sojuzgaron a las tribus germanas, México –por obra de su debilidad y no de su fuerza− está “colonizando” el sur angloamericano. Los estados fronterizos de ambas naciones ya forman un país bicultural y bilingüe por encima de las fronteras políticas. En efecto, ese bilingüismo ya forma parte de la era moderna en sociedades complejas y contradictorias, pero especialmente refleja la paradoja de la pugna fronteriza entre Estados Unidos de Norteamérica y nosotros.
Refiriéndose a nuestros problemas, Juan Rulfo nos legó este diagnóstico: Nuestros grandes problemas nacionales son de tres clases: los específicamente mexicanos, los de Hispanoamérica y los de España. Nos salvamos juntos o nos hundimos separados. Una verdadera comunidad sólo podrá construirse basada en el respeto a las diferencias, pero sobre todo basada en la justicia: el fin del hambre, la opresión y el desprecio que las mayorías mexicanas han sufrido durante cuatro siglos.
Este desprecio, que parecía haberse mitigado, ha encontrado una fuerza opositora en discursos agresivos como los de Donald Trump. Por lo tanto, estos problemas mexicanos, los de Hispanoamérica y los de España, no son los únicos problemas de los mexicanos. El actual milenio presenta la necesidad de afrontar retos con soluciones ingeniosas; sobre todo, aceptar y reconocer de la mano de nuestros autores excepcionales, como Juan Rulfo, que la mexicanidad, nuestra alma y nuestro espíritu, sigue en la búsqueda de su destino.