LAS BATALLAS

Presos políticos

Francisco Reséndiz. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón. Foto: La Razón de México

Venezuela se ha sumergido en una espiral de incertidumbre, tensión y miedo marcada por dos realidades: la de quienes exigen la restauración de la democracia tras la caída del dictador Nicolás Maduro y la del oficialismo que busca a toda costa normalizar la cotidianidad de un régimen tambaleante bajo la bota del presidente Donald Trump.

Y sí, mientras los herederos de la revolución chavista —aquella camarilla que el Ejército de Estados Unidos tiene contra las cuerdas— quieren implantar la narrativa de un gobierno fuerte que recibe dignatarios, entrega obras y presume el regreso a clases de 97% de estudiantes, la gente ve la liberación a cuentagotas de los presos políticos de la revolución bolivariana.

La realidad venezolana ha obligado a la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, a reconocer que hay personas en la cárcel por su pensamiento crítico e iniciado su liberación, afirma que son más de 400 personas que han sido liberadas pero los colectivos los contradicen y, con lupa en mano, han documentado la excarcelación de menos de 80.

Se trata de personas —incluso algunas de nacionalidad española, italiana, colombiana, y peruana— que fueron secuestradas por las fuerzas leales sin explicaciones o con acusaciones tan escalofriantes como irrisorias de terrorismo, rebelión, incitación al odio, traición a la patria, agitación social, homicidio… en realidad su “delito” fue trabajar por la democracia.

Y ahí están Kennedy Tejeda, Daniel Echenagucia, Nicmer Evans, Víctor Eduardo Soto, Rodrigo Cabezas, José Javier Tarazona, Carlos Alberto Gómez Durán, Nahuel Agustín Gallo, Jonathan Guillermo Torres, marco Antonio Madrid, Edgar José Barreto, Wilmer Barillas, Manuel David Torres y la lista sigue… son más de 800 historias de vida de jóvenes, estudiantes, profesionistas, trabajadores, sindicalistas, marcadas por una dictadura.

A partir de testimonios que algunos excarcelados y familiares de presos políticos han hecho públicos, se desprende que la estrategia del oficialismo venezolano fue sólida:

Labores de inteligencia, seguimiento, detención arbitraria en la calle, en sus domicilios, tras mítines, en mítines, llevar a los detenidos a prisiones lo más alejadas posible de sus casas, familias, trabajo y amigos, tenerlos hacinados en celdas de apenas seis pasos, aislados, comiendo arepas y frijoles, durmiendo en el piso, con sólo una hora del sol al día.

A Kennedy Tejeda lo describen como un niño inteligente, aplicado y estudioso, con el mejor promedio de la preparatoria y uno de los mejores de la carrera de Derecho en la Universidad de Carabobo. Para pagarse la carrera trabajaba como mototaxi. Se graduó en 2023 y se dedicó a la defensa de los derechos humanos.

Fue detenido en el Comando de la Guardia Nacional Bolivariana de Carabobo cuando fue a preguntar por unos jóvenes detenidos en las primeras protestas postelectorales. Cumplió su primer año como abogado y su cumpleaños encerrado en el penal de Tocoron. “Apenas me abran el portón voy a la playa y a subir el cerro”, le dice a su mamá Kennia Jiménez.

Ana Raquel Velázquez León es esposa del teniente coronel Víctor Eduardo Soto Méndez. Narra que fue sacado del centro militar de Ramo Verde junto a sus compañeros, los tenientes coroneles Carlos Peña Palmentieri y Deibis Mota Marrero, donde habían concluido una pena de 7 años, aplicada desde 2020, por rebelión para llevarlos a tribunales pero nunca llegaron.

ntre los presos políticos del régimen chavista incluso hay aliados. En julio pasado se conoció la detención realizada por autoridades leales al régimen de Rodrigo Cabezas. Estuvo en la cárcel 41 días pero de ellos 20 estuvo desaparecido.

Fue ministro de Finanzas de Hugo Chávez, fundador del Partido Socialista Unido de Venezuela, y un ferviente disidente de Nicolás Maduro. Fue llevado por Maduro a la cárcel de alta seguridad más temible de El Salvador.

Decenas de organizaciones de la sociedad civil como el Foro Penal, Familia SOS Libertad y Justicia, Encuentro y Perdón, Foro Penal, han documentado la persecución que ejecutó el régimen de Nicolás Maduro, utilizando toda la fuerza del Estado Venezolano, incluidas sus aparatos de inteligencia y fuerzas policiales, contra los críticos de su gobierno.

Las historias del abuso de un régimen contra su propio pueblo deben preocuparnos como latinoamericanos y como parte de la humanidad. Venezuela, bajo el liderazgo de un gobierno populista debilitó a las instituciones que les permitieron llegar al poder por la vía democrática para mantener el control del país incluso a sangre y fuego.

Hoy México vive un cambio de régimen que ha incluido un ajuste a su entramado jurídico que ha desaparecido a los órganos autónomos que fungían como contrapeso del gobierno, llevado a la población a elegir a los integrantes del Poder Judicial en un proceso comicial polémico y desordenado y hoy empuja una reforma electoral que contiene el proceso de transición a la democracia que vive México.

Desaparecer los plurinominales —creados para garantizar la representación legislativa de los grupos más radicales y con ello sacarlos de la clandestinidad y la vía armada con la reforma de Reyes Heroles—, debilitar a los partidos políticos, restar autonomía al Instituto Nacional Electoral no es la vía.

Los paralelismos existen y la tentación de perpetuarse en el poder cambiando las reglas a favor del grupo gobernante también.

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