ANTINOMIAS

La próxima extinción del socialismo en el mundo

Antonio Fernández. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón Foto: La Razón

El siglo XX inició con grandes revoluciones en distintas partes del mundo, entre ellas la Revolución mexicana de 1910 y la Revolución rusa de 1917.

Mientras México optó por constituirse como una República Federal, Rusia dio un giro radical al establecer un nuevo sistema político, económico y social basado en el marxismo-leninismo, conocido como comunismo. Este sistema pretendía la construcción de una sociedad sin clases mediante la abolición de la propiedad privada, el establecimiento del unipartidismo —que controlaba todas las instituciones gubernamentales— y un férreo control político.

En 1922 se creó formalmente la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), un Estado teóricamente federal que incluía a Rusia y a diversas repúblicas que, en apariencia, se integraban de manera voluntaria. Sin embargo, la realidad fue que muchas de ellas fueron obligadas a someterse al poder central ejercido desde Moscú, consolidándose así un régimen de carácter totalitario. A pesar de ello, el modelo soviético atrajo durante años a numerosos intelectuales del mundo, quienes cayeron bajo la ilusión de un régimen supuestamente equitativo y justo.

Tras la Segunda Guerra Mundial, la URSS incrementó su poder político y amplió el número de países bajo su influencia, especialmente durante el liderazgo de Stalin. No obstante, comenzaron a surgir denuncias e investigaciones sobre la intensa represión ejercida contra los disidentes del régimen, muchos de los cuales fueron enviados a campos de trabajo en Siberia como castigo, de donde difícilmente regresaban. A partir de estos hechos, numerosos intelectuales empezaron a cuestionar seriamente las supuestas virtudes del comunismo.

De este modo se configuraron dos grandes bloques geopolíticos: por un lado, el bloque comunista, liderado por la Unión Soviética; y por otro, el bloque capitalista, encabezado por Estados Unidos. América Latina formaba parte de este último hasta que, en 1959, Fidel Castro llegó al poder en Cuba tras el derrocamiento del dictador Fulgencio Batista. El nuevo gobierno cubano adoptó el sistema comunista bajo la tutela de la URSS, provocando un cisma político internacional, especialmente para EU, que no podía tolerar la existencia de un Estado socialista a las puertas de su país. Como consecuencia, se inició el bloqueo económico contra la isla.

La historia posterior es conocida. La URSS comenzó a perder poder económico, el sistema socialista colapsó y la llegada de Mijaíl Gorbachov abrió el régimen, lo que derivó en la disolución de la URSS. Las antiguas repúblicas soviéticas iniciaron un retorno al capitalismo. Las excepciones fueron China, Vietnam y Cuba, aunque con diferencias sustanciales: mientras China y Vietnam optaron por una apertura económica sin liberalización política, lo que les permitió un notable crecimiento económico, Cuba permaneció anclada a un modelo cerrado.

Cuba se mantuvo durante años bajo la tutela soviética. Sin embargo, tras la desaparición de la URSS, Venezuela asumió ese papel de respaldo. Actualmente, con la caída del régimen de Maduro y el reforzamiento del control estadounidense, Cuba ha perdido su último respaldo directo.

Ante el grave desastre económico cubano, la escasez energética y la imposibilidad de cubrir las actividades mínimas del Estado, el régimen no tendrá otra alternativa que abrirse políticamente, convocar a elecciones y negociar una salida segura para sus dirigentes. De concretarse este escenario, el gobierno de Donald Trump, junto con su secretario de Estado, Marco Rubio, podría adjudicarse un nuevo triunfo político. Así, sin mayor esfuerzo, se extinguiría el último reducto del socialismo clásico, un sistema que durante décadas generó enormes expectativas, hoy ampliamente frustradas.

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