LA MALETA DEL CINE

“Desapareció”

Javier Solórzano Casarín │ *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón Foto: Especial

El cine de François Ozon tiene muchas aristas narrativas y dramáticas que siempre encuentran la manera de converger, creando retratos cautivadores del ser humano. Es uno de los cineastas más talentosos y prolíficos del cine francés contemporáneo. Su obra luce la versatilidad, abordando diversos temas y géneros como el thriller erótico, el melodrama, el suspenso, el musical y la farsa.

Sus personajes se confrontan consigo mismos develando el núcleo de su ser y desnudando lo más elemental de su naturaleza. Ellas y ellos a través del conflicto dramático acaban descubriendo quienes son realmente. Siempre con sutileza y con un lenguaje inteligente y perspicaz, pero sin excepción los protagonistas del cine de Ozon se despojan de sus egos y sus desgastadas identidades.

Representan tanto una reflexión intelectual como psicológica de la complicada vida en la sociedad moderna y las constantes inmolaciones existenciales que nosotros mismos creamos. El deseo de ser alguien que no somos o de ser quienes los demás esperan que seamos.

Una de sus mejores cintas incurre en estas líneas narrativas, navegando en el misterio de una forma sumamente tenue y seductiva.

Debajo de la arena (2000) cuenta la historia de Marie (Charlotte Rampling, en una de sus mejores actuaciones) y de su esposo Jean (Bruno Cremer). Una pareja contenta con su vida en la ciudad de Paris. Como es de costumbre, viajan en su cochecito económico a su casa de campo en el pueblito de Lit-et-Mixe. Desde que viajan por la carretera, se nota que ya bajaron la guardia y su escape de la urbanización se nota en la calma que denotan sus rostros y su lenguaje corporal.

La casa es un lugar sencillo pero acogedor, evoca paz y comodidad. Llevan a cabo una rutina de llegada que se ve se saben de memoria. Cambian de ropa y se van a la playa. Jean le dice a Marie que va a nadar por un rato. Pasan los minutos, las horas y cuando Marie se da cuenta, Jean no ha regresado. Cae la noche.

Jean desaparece de manera inesperada.

Ésa es la premisa de la película y con ella Ozon medita sobre muchas cosas y relata la experiencia de la pareja y de la soledad.

Sin duda es relevante el hecho de que Jean regrese o no, pero al final lo más importante es la estela emocional que deja en su camino su desaparición. Esta situación tiene tales ramificaciones emocionales y sociales para Marie que ella misma comienza a cuestionarse todo: su propia vida, sus decisiones, su relación con Jean, su pasado y su futuro.

La experiencia de Marie en esta disyuntiva se cuenta con un lenguaje cargado de sensualidad, melancolía y misterio. Te lleva a lugares totalmente inesperados que atrapan a la imaginación. Ozon y sus fotógrafos, Antoine Héberlé y Jeanne Lapoirie cuentan una historia enigmática y arrebatadora. No en un grito, sino en los susurros.

Charlotte Rampling en su fascinante interpretación nos recuerda porque es una de las mejores actrices de nuestra época.

Disponible en MUBI.

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