La carrera por el control de Venezuela ha iniciado. El control sobre el país está en Estados Unidos, pero la administración del republicano, luego de arrestar a Maduro, dejó al frente del país a Delcy Rodríguez, partidaria del chavismo y mano derecha del destituido presidente.
Este movimiento ha levantado cejas, considerando que el gobierno estadounidense había tachado a la cúpula chavista de corrupción y participación en el crimen organizado. Dejar a Rodríguez al frente manda señales encontradas a los que esperaban un cambio radical en la nación.
Rodríguez ha reaccionado con cautela. Si bien ha rechazado el arresto de Maduro y ha lanzado algunas arengas patrioteras, sus movimientos en materia económica y comercial han sido estratégicos. Ha llamado a reabrir negociaciones con las empresas norteamericanas para reactivar la industria petrolera prometiendo un cambio y un futuro alentador para la población. Está claramente buscando dar certidumbre a la inversión extranjera que, por otro lado, está recibiendo de parte de Washington ánimos para abrir nuevamente esa línea de negocio. Lo anterior parece indicar que algún tipo de pacto se ha firmado en Miraflores para preservar el poder a cambio de una buena tajada de petróleo.
Mientras Delcy camina entre diversos precipicios y no hay una señal internacional clara que le exija llamar a elecciones de inmediato, la líder de la oposición, María Corina Machado, lucha por regresar a los reflectores. Se dice que selló su destino al aceptar el Nobel de la Paz, premio anhelado por el presidente estadounidense.
Luego de la caída de Maduro el mandatario norteamericano afirmó que Machado no tenía el apoyo ni la capacidad para gobernar, desestimando la evidente popularidad con la que cuenta y que le valió una victoria arrasadora a su partido en las pasadas elecciones presidenciales, mismas que Maduro robó descaradamente.
En un movimiento desesperado por ganar relevancia y el favor del magnate, Machado corrió a La Casa Blanca a regalarle su medalla del Nobel al presidente. Un acto que muchos calificaron de servil, pero que parece haberla puesto nuevamente en el tablero de ajedrez.
Al final, los festejos en Venezuela por el arresto de Maduro se han enfriado ante la perspectiva de la continuidad del régimen, aunque esté supervisado desde el exterior. Si esta situación se alarga indefinidamente, quedará claro que más que un movimiento por la libertad de un pueblo, se trata de una toma de su industria disfrazada de política internacional. Elecciones libres. Ir a las urnas y tener el apoyo internacional para que la voluntad del pueblo sea por fin escuchada es lo que merecen quienes no ha parado de sufrir por décadas. Un nuevo comienzo por la libertad de Venezuela.