TEATRO DE SOMBRAS

El pantano de la opinión

Guillermo Hurtado. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.
Guillermo Hurtado. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón. Foto: La Razón de México

Una de las distinciones centrales de la filosofía platónica y, a partir de entonces, de toda la filosofía occidental, es la que se da entre la doxa, es decir, la opinión, y la episteme, es decir, el conocimiento. La tarea del filósofo, su responsabilidad social, moral, humana, es encontrar las maneras de dejar atrás la opinión y alcanzar el conocimiento. El filósofo, por lo mismo, debe enseñar a los demás a escapar de las redes de la opinión para poder llegar al conocimiento genuino, sólido, justificado.

A veces, el filósofo no tiene la llave de la verdad, pero sabe que él mismo y los demás están bajo el influjo de la opinión. Sócrates iba por las calles de Atenas mostrando a sus interlocutores que lo que ellos tomaban como conocimiento era, en realidad, mera opinión. No pretendía humillarlos, sino ayudarlos. Es mejor saber que uno está en el error que creer en algo falso, sin fundamento. Cuando los atenienses se sentían ofendidos y le preguntaban a Sócrates que cuál era la verdad acerca del asunto discutido, él no presumía de ser sabio, de saberlo todo. Su respuesta era: “yo sólo sé que no sé nada”. En otras palabras, lo que respondía Sócrates es que él sabía que estaba hundido en el pantano de la opinión, como todos los demás, pero que, por lo menos, él sabía eso y, por lo mismo, tenía las condiciones para salir del pantano y buscar la verdad. Como sabemos, la actitud de Sócrates le ganó muchas enemistades. A nadie le gusta que le digan que lo que cree saber con certeza no es más que una vulgar opinión. No debe extrañarnos que la democracia ateniense lo haya condenado a muerte.

¡Quién lo diría! Con el progreso científico y tecnológico de la humanidad cada vez estamos más hundidos en el pantano de la opinión. Hoy en día cada quien opina sin medida, sin recato. Lo que más preocupa es que millones de personas opinen equivocadamente de la misma manera. Lo que eso genera es una falsa idea el conocimiento como consenso. Si todos opinan lo mismo, se pregona, entonces eso debe ser conocimiento, porque la mayoría así lo dicta. El fenómeno en sí mismo no es nuevo. Siempre ha habido multitudes que opinan de manera errónea y, por lo mismo, son capaces de cometer atrocidades. Lo que ahora sucede con las nuevas tecnologías, sobre todo, con la inteligencia artificial, es que esas opiniones se retroalimentan, se fortalecen, de manera que antes no hubiéramos imaginado.

La labor del filósofo socrático es más necesaria que nunca. Para ello, lo primero que tenemos que recordar es que la opinión y el conocimiento no son lo mismo, y que la opinión por popular y atractiva que sea, no es conocimiento. Salir del pantano no es fácil.

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