El fin de semana fue fatal y violento para Salamanca, Guanajuato. El sábado un grupo fuertemente armado se metió a una casa disparando a sus habitantes. El domingo en la tarde, mientras jugaban un partido de futbol, llegó un comando que disparó al menos en 100 ocasiones matando, por ahora, a 11 personas y dejando a muchas más heridas, entre ellas mujeres y menores de edad.
Salamanca es una ciudad importante que alberga una estratégica producción de petróleo. A pesar de que no se habían presentado diferentes hechos violentos, estaba inevitablemente en el radar como punto estratégico de los cárteles.
Va quedando claro que los ataques tienen que ver con luchas intestinas por controlar la plaza, lo que significa controlar el territorio y las rutas para trasladar la droga. Se enfrentan para tratar de tener el pleno control de la zona lo que los convierte en dueños del territorio.
El Estado ha ido perdiendo espacios sin que se haya encontrado la manera de recuperarlo. Es odioso decirlo, pero cuando Donald Trump habla de este tema algo tiene de razón. Muchas zonas del país están en manos de la delincuencia organizada existiendo una lamentable “convivencia” entre la política —los políticos— y los cárteles.
La Presidenta gobierna el país, a diferencia del tajante juicio de Trump sobre el tema. Sin embargo, es un hecho que diversas zonas están en manos de la delincuencia organizada. En algunos casos se cogobierna y en otros gobiernan los delincuentes colocando a personajes de su conveniencia o intimidándolos y presionándolos, ya que están en el cargo. Estamos ante una vieja historia que pasa por responsabilidades comunes de gobiernos pasados y presente.
Cada vez surgen más dudas de lo que se hizo en la pasada administración. Abrazos no balazos terminó por ser una estrategia que permitió a los cárteles moverse a su antojo y, sobre todo, sentirse en confianza para sus actividades, hoy se está pagando todo ello en lo interno y en nuestra relación con EU en donde Trump ha encontrado un espacio idóneo para sus ataques, amenazas e intimidaciones contra México. Por hechos como el del fin de semana, Trump no cede en su empeño de atacar a los cárteles en nuestro propio territorio.
Lo que pasó en Salamanca nos coloca con muchos pasos atrás con relación a la seguridad y a lo que se ve desde el extranjero sobre México. Guanajuato ha venido haciendo un gran esfuerzo para tratar de superar sus varios años de violencia. No es que haya alcanzado el objetivo, sino que se puso en marcha una estrategia diferente en comparación con pasados gobiernos. Se ha buscado tener una estrecha relación con el Ejecutivo, se abrió el diálogo y muchas estrategias han estado siendo coordinadas desde el Estado en su conjunto lo que ha permitido atenuar en algo la violencia.
Lo del fin de semana acaba por colocarnos de nuevo bajo escenarios adversos en donde poco o nada cuenta que las cosas estén diseñándose de manera distinta en comparación al pasado inmediato.
Lo que se pregunta es qué tanto el gobierno estatal y federal tenían un diagnóstico de lo que estaba pasando y prever lo que pasó desde el sábado, en que se desató la violencia, era un preámbulo de lo que se venía el domingo. No pueden sólo remitirse las cosas a que es una confrontación entre los “malosos”, porque el gobierno en sus tres órdenes está en la obligación de desarrollar condiciones para que se viva en paz en las ciudades y municipios.
Salamanca nos volvió a enfrentar a la terca realidad en el momento menos indicado, sobre todo por como Trump está incrementando sus presiones contra México, bajo argumentos como el de que la Presidenta no gobierna, porque son los cárteles de la droga lo que lo hacen; a veces cuesta trabajo la respuesta.
RESQUICIOS.
La Corte tiene que resolver sus entuertos. A trompicones resolvieron lo de las camionetas, lo cual debe tener en el fondo responsables. La curva de aprendizaje está siendo larga y delicada.