LA UTORA

Un Julio Iglesias bajo cada piedra

Julia Santibáñez. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón Foto: larazondemexico

La investigación contra el cantante hispano más internacional ha sido archivada por la Fiscalía de España.

Ésta dice no tener competencia, pues los cargos por delitos sexuales ocurrieron fuera de su territorio, en República Dominicana y Bahamas. ¿Y no importa que el acusado tenga esa nacionalidad? ¿Nadie atenderá las denuncias, luego de tres años de investigación periodística y muchos testimonios?

Julio Iglesias pidió que se archivara su caso. Lo complacieron. No es gratuito que sea putrimillonario y haya empezado a serlo bajo el franquismo tardío, que buscaba ídolos modernos. El célebre “me metía los dedos por todos lados”, dijo una declarante a Univisión, a elDiario.es. El tipo parece blindado aunque las chicas que lo acusan, de origen humilde y veinteañeras en 2021, señalan que fueron obligadas a chupar el pene y el ano del jefe por horas, para ver si conciliaba el sueño, que les pellizcaba los pezones mientras insistía para acostarse con ellas.

Creo indispensable seguir hablando de violencias sexuales y de sus perpetradores. Del sistema patriarcal, que mantiene el statu quo al defender a atacantes de mujeres (si precarizadas, mejor). Por siglos se creyó normal, pero el feminismo ha cambiado la conversación. En especial desde los cincuenta ha puesto sobre la mesa la idea revolucionaria de que las mujeres somos seres humanos. Que nuestros cuerpos nos pertenecen. Que un abusador no actúa por libido, sino demuestra poder. Y falta muchísimo.

Subrayo la impunidad que el sistema protege: por limitarme a la música, ahí está Plácido Domingo (señalado por acoso y a quien se le quitó el veto en España), más lo que se ve venir con Iglesias. Me acuerdo de la novela Ellas hablan, de Miriam Toews, que ficcionaliza un caso real de los dos mil, en Bolivia. Prácticamente las trescientas mujeres de una comunidad fundamentalista menonita son violadas por tipos que las sedan con un espray veterinario para vacas, incluso a una niña de tres años. Cuando piden justicia, el poder masculino las señala de lujuriosas. Embarazada por los infames, una chica se pregunta si los hombres que son inocentes del ataque, “¿no son culpables de no haber detenido las agresiones? ¿No son culpables de haber sabido que se estaban produciendo y no haber hecho nada?”. Eso. También llevan responsabilidad los millones que no violentan, pero culpan a las víctimas o miran hacia otro lado.

Hay un Julio Iglesias bajo cada piedra, uno que cumple el patrón de los responsables de violencia sexual contra niñas y mujeres:

1. No carga un letrero que lo señale. Pasa por padre, hijo, vecino normal.

2. No muestra el lado patanesco. Miente ser amable, simpático. Hasta que actúa.

3. No da tarjetas de presentación que nombran quién es. Le basta saberse poderoso.

4. No asume el daño que causa. Sólo existe él.

5. No tendrá que dar cuentas. Está seguro.

Ojalá alguna autoridad decida ser ejemplar en este caso tan asalvajado. Tan escandaloso.