ARQUETIPO FUTBOL

Caminos de Guanajuato

Daniel Alonso*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.  Foto: larazondemexico

Plano abierto: en una cancha de futbol de tierra se desarrolla la final de un torneo local en un domingo por la mañana. Alrededor de la cancha, sobre piedras, bancas de madera improvisadas, las esposas e hijos se comen unos taquitos, micheladas, una coca y chicharrones; comida típica mexicana. Suena de fondo música regional, banda, corridos y rancheras. Dentro de la cancha se disputa un tiro de esquina y justo cuando el balón está sobre el área, el jugador número cuatro cae de manera fulminante, no por un empujón o un codazo artero, sino por un disparo de un rifle de alto calibre.

La escena anterior, digna de incluirse en alguna de las series icónicas de Vince Gilligan o Breaking Bad Better Call Saul, se acerca a la historia escalofriante de lo que se vivió en Salamanca, Guanajuato, en donde 11 personas fallecieron por la irrupción de varios sujetos armados mientras varias familias convivían en un campo de futbol llanero tras un partido profesional de la zona en el que todo era tranquilidad.

Guanajuato ha sido históricamente una tierra futbolera, sede en dos ocasiones de la Copa Mundial, en 1970 y 1986. Fue la segunda vez en donde la historia abrazó al Bajío con la presencia de Michel Platini y lo que sería su último justa veraniega como toda una leyenda.

El ganador en tres ocasiones del Balón de Oro llegó a León para disputar ahí los tres partidos de la Fase de Grupos frente a Canadá, Unión Soviética y Hungría. También fue en el Nou Camp, ya en la fase de cuartos de final, en donde se vivió uno de los mejores encuentros de futbol de aquel Mundial entre la URSS y la selección de Bélgica, con un estadio abarrotado ya en prórroga, fueron los belgas quienes lograron la hazaña al vencer a los soviéticos que en el papel eran favoritos.

Hoy a 133 días de que arranque el Mundial, aquellos recuerdos nostálgicos en tierras de Guanajuato se pierden entre las tragedias que ocurren todos los días en el país. Hoy se habla más de las masacres, de la disputa territorial entre grupos de la delincuencia y el tráfico de combustible. Si fuera por la historia del la redonda, León sería hoy una sede más de esta Copa del Mundo. Los recuerdos de la algarabía que provocó la presencia de Platini, de aquel juegazo de cuartos de final en el Nou Camp, y claro, en honor al primer Cinco Copas, don Antonio La Tota Carbajal, portero y figura, oriundo de León y del Tricolor.

Lo ocurrido el pasado domingo en aquella cancha llanera, en donde el futbol se vive con una pasión única, fue nota en múltiples medios alrededor del mundo, en donde se hace énfasis a la violencia extrema en nuestro país y próxima sede del Mundial. Hace unas semanas mucha gente hacia énfasis en que sería bueno que la FIFA retirara las sedes a Estados Unidos por la invasión a Venezuela. Hoy muchos se cuestionan las garantías de seguridad en nuestro país, a este paso el Mundial se jugará sólo en Canadá.

Plano abierto: en la cancha de tierra yacen varios cuerpos inertes, charcos de sangre. No hay más risas, el balón ya no rueda más. Ahora sólo hay llantos, gritos de desesperación. Música de fondo con la famosa canción de José Alfredo Jiménez: “No vale nada la vida. La vida no vale nada, comienza siempre llorando y así llorando se acaba. Por eso es que, en este mundo, la vida no vale nada”.

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