LAS CLAVES

Sirāt, la película

Carlos Olivares Baró. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón. Foto: La Razón de México

Sirāt, película dirigida por el cineasta franco-español Óliver Laxe, que sigue la ruta de un padre y su hijo, quienes buscan a la hija y hermana, respectivamente, desaparecida entre las delirantes fiestas rave de los desiertos de Marruecos. Coproducción de España-Francia de estreno mundial en el Festival Internacional de Cine de Cannes 2025, donde se alzó con el Premio del Jurado. Música galopante, drogas, refugio, seres mutilados envueltos en el fragor alucinante. “Existe un puente llamado Sirāt que une infierno y paraíso. Se advierte al que lo cruza que su paso es más estrecho que una hebra de cabello, más afilado que una espada”. Aquí la vida está sometida a un ritual orgiástico decadente y gozoso. Danzar, conjuración de obstinada insurrección.

El compás tecno-electrónico posee propiedad hipnótica, letárgica sobre los cuerpos cercenados de tatuajes famélicos que encuentran en la sonoridad expandida por estruendos vagos y estridentes, un gozo de múltiples intensificaciones sensitivas: estamos ante un desenfrenado sortilegio visual: una enigmática felicidad dialoga con lo maligno, después el fulgor del sol escolta la orfandad de estos seres acorralados, mientras buscan un breve destello de esperanza. Laxe es un eficaz manipulador: el infante abraza al perrito que lo acompaña en esta marcha fantasmagórica de aciago final. Es cierto, todo es, quizás, previsible y básico; pero, volvemos a ese estado de gracia de la conmoción primigenia.

¿Qué tiene Sirāt, para provocar semejante exaltada inquietud?: ¿Los golpes de efectos de crueldad inesperada? ¿Ese campo minado que cerca a los personajes en el brutal epílogo dramático final? ¿La danza bajo el calor del desierto y la manumisión alucinatoria convertida en pesadilla? Laxe sabe sortear con maestría las derivaciones de los retumbos de la transgresión y la búsqueda de la hija en una expresiva conformación de la danza como frenética indocilidad.

La fotografía se despliega en extensos planos: el desierto, paisaje implacable, el polvo anubla el más mínimo anhelo, el tiempo retarda el posible albor: soledad embriagadora donde el sol fija y decreta los gestos de estas criaturas extraviadas, cinco junkies disidentes que se aventuran hacia las cordilleras en busca de la intensidad descarriante. Padre e hijo deciden seguirlos con la ilusión de encontrar a la muchacha desaparecida: los mueve una certeza absurda y un afán de última conmiseración. Laxe fusiona elementos del western y el road movie en conjunciones aterradoras que erigen un texto visual donde voluntad, esperanza y recelo se bifurcan por parajes sorpresivos que este grupo de desarraigados y marginales toma como suyo, en el afán perturbador y demencial de encontrar otra rave y proseguir en el zapateo libertino como escapatoria y salvación espiritual en un mundo encaminado al desconcierto.

Padre e hijo se acoplan a este desenfreno apocalíptico con el espejismo de localizar a la hija. Salgo de la Cineteca con las lágrimas contenidas: tengo en los ojos la intemperie de un desolado espacio implacable: horizonte hostil, retumbo provocador, polvo nebuloso, gritos, motores devorando despeñaderos rígidos, pulsaciones silenciosas de la carcoma cegadora. Sirāt, una fábula visual imprevisible que fascina y desgarra al mismo tiempo.

Sirāt: trance en el desierto ı Foto: Especial

Sirāt: trance en el desierto

Director: Oliver Laxe

Fotografía: Mauro Herce

Elenco: Sergi López, Bruno Núñez Arjona, Stefania Gadda, Joshua Liam Herderson.

Producción: Francia-España, 2025

Género: Drama

Temas: