BAJO SOSPECHA

México, entre Trump y la dictadura cubana

Bibiana Belsasso. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.<br>
Bibiana Belsasso. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón. Foto: La Razón de México

Donald Trump asegura que ha presionado a la mandataria de México para que se deje de enviar petróleo a Cuba. Por su parte, la Presidenta Claudia Sheinbaum sostiene que eso no sucedió y que ahora el Gobierno de México enviará apoyo humanitario a la isla.

Lo cierto es que, según datos oficiales, no se observa un envío reciente de petróleo a Cuba. En una rueda de prensa a bordo del Air Force One, Trump aseguró: “Le dije que no queríamos que enviaran petróleo allá, y ella no lo está enviando”.

Por su parte, la Presidenta negó que el tema se haya tratado en la llamada reciente con Trump y sostuvo que cualquier ajuste en los envíos de hidrocarburos responde a una “decisión soberana” del Estado mexicano. Subrayó que su Gobierno no actúa bajo presiones externas y que México mantiene una política exterior basada en la autodeterminación de los pueblos.

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Al mismo tiempo, Sheinbaum anunció que su administración se encuentra en contacto con la embajada de Cuba en México para conocer las necesidades más urgentes de la población y evaluar alternativas para canalizar ayuda humanitaria.

“Estamos en ese proceso y ya informaremos con todo detalle”, señaló, buscando marcar distancia entre la cooperación humanitaria y el suministro energético.

Y es que una cosa es la ayuda humanitaria que en Cuba se necesita por la situación tan precaria en la que vive, y otra cosa es el petróleo, que solamente capitaliza el régimen.

Según el VIII Estudio sobre el Estado de los Derechos Sociales en Cuba, del Observatorio Cubano de Derechos Humanos, alrededor del 89% de los cubanos viven en extrema pobreza, tomando como referencia un umbral de ingresos extremadamente bajos: menos de dos dólares por día.

En Cuba se estima que viven entre nueve y 10 millones de personas; de ellas, entre ocho y nueve millones están en extrema pobreza.

Lo cierto es que el petróleo que envía México a Cuba no beneficia a estos ciudadanos, que muchas veces no tienen ni qué comer. Ese petróleo se vende en mercados internacionales y es un ingreso directo para el Gobierno cubano y la dictadura de Miguel Díaz-Canel.

Durante años, Cuba dependió del petróleo subsidiado de Venezuela, que llegó a aportar entre 25 mil y 70 mil barriles diarios, una parte clave de su consumo. Con la detención de Nicolás Maduro y la cancelación de esos envíos, la isla enfrenta una crisis energética severa: apagones constantes, escasez de combustible y parálisis del transporte. México ha intentado compensar parcialmente, pero con volúmenes insuficientes. El resultado es un deterioro acelerado de la economía y de las condiciones de vida.

Cuba atraviesa la peor crisis energética de las últimas décadas. La falta de combustible ha provocado apagones diarios que, en algunas regiones, se extienden hasta por 20 horas. El transporte público opera de manera intermitente, la recolección de basura es irregular, los hospitales enfrentan fallas eléctricas constantes y la cadena de producción de alimentos se ve severamente afectada.

Pero lo cierto es que el gobierno cubano no ha velado por su gente desde hace años. Sí ha mantenido alianzas geopolíticas para beneficiar a sus gobernantes.

AFECTADOS

Largas filas se registran en gasolineras de La Habana, Cuba, el 30 de enero pasado.
Largas filas se registran en gasolineras de La Habana, Cuba, el 30 de enero pasado. ı Foto: AP

Donald Trump ha tratado de frenar el envío de petróleo de distintos países a Cuba como parte de su estrategia para presionar al régimen y debilitar al gobierno de Miguel Díaz-Canel. El gobierno de Estados Unidos asegura que el suministro de energía mantiene con vida a una dictadura que reprime a su población y niega libertades básicas. Además, denuncia que el sistema de “misiones médicas” cubanas funciona como una forma de esclavitud laboral, donde el Estado se queda con la mayor parte del salario de los doctores enviados al extranjero.

Para Trump, cortar financiamiento y recursos es la vía para forzar un cambio político en la isla.

El mandatario cubano, que se había resistido a llegar a un acuerdo con su homólogo estadounidense, ha tenido que ceder. Miguel Díaz-Canel aceptó explorar una negociación indirecta con el gobierno de Donald Trump, presionado por la crisis energética y económica.

Hasta ahora no se ha confirmado una conversación directa entre ambos. Los contactos se darían mediante intermediarios. Lo cierto es que Díaz-Canel estaría negociando desde una posición de absoluta desventaja. Trump hoy tiene el sartén por el mango y, además, los propios cubanos en la isla están desesperados por la falta incluso de lo más básico, como la comida. A esto se suman la represión y la ausencia de libertades, que mantienen muy descontento al pueblo cubano.

Claro, hay algunos que apoyan a Díaz-Canel, pero evidentemente son los pocos que pertenecen a ese círculo de élite.

Donald Trump ha insistido en distintos momentos que el gobierno de Miguel Díaz-Canel se encuentra en una fase terminal, “en tiempo de descuento”, como parte de una narrativa que busca presentar al régimen cubano como cada vez más aislado, debilitado y sostenido artificialmente por apoyos externos.

Para Trump, la clave no está únicamente en el desgaste interno del sistema cubano, sino en cortar los flujos de recursos que permiten su supervivencia, particularmente el suministro de petróleo y los ingresos derivados de acuerdos con gobiernos aliados.

Según lo dicho por el presidente de EU, no busca castigar al pueblo cubano, sino provocar tal presión económica que obligue a la élite gobernante a negociar una transición o enfrentar un colapso. Lo cierto es que, además de apoyar al pueblo cubano, lo que intenta Trump es ir contra el último bastión del socialismo en América Latina.

Por lo pronto, el Gobierno de México está en la disyuntiva de si debe seguir ayudando al gobierno cubano cuando la relación comercial entre México y la isla es profundamente desigual, y al mismo tiempo enfrenta a Estados Unidos, nuestro principal socio comercial, cuyos funcionarios ya advirtieron que si México sigue regalando petróleo a Cuba podrían imponerse nuevos aranceles a productos mexicanos.

Lo que hoy se discute no es menor. En 2025, México se convirtió en el principal proveedor de petróleo para Cuba, desplazando a Venezuela, históricamente su mayor aliado energético.

De acuerdo con datos del Banco de México, desde hace poco más de un año los envíos de crudo de México a la isla se incrementaron hasta en 23 mil por ciento. En contraste, durante el sexenio de Andrés Manuel López Obrador, los envíos rondaban los dos millones de dólares al mes, en su mayoría bajo esquemas de “cooperación” o pagos diferidos, de los cuales se pagó muy poco.

En México, la gasolina Magna vale alrededor de 23 a 24 pesos por litro. De ese monto, entre nueve y 10 pesos corresponden a impuestos, principalmente IEPS e IVA, que se quedan directamente en las arcas del Gobierno.

El gobierno sí debería mandar ayuda humanitaria al pueblo cubano, no a sus gobernantes. Y sería muy bueno para los mexicanos que, en lugar de financiar a una dictadura con nuestro petróleo, nos dieran un descuento en los impuestos que pagamos en nuestra gasolina.

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