BAJO SOSPECHA

El medio tiempo que enfureció a Trump

Bibiana Belsasso. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.<br>
Bibiana Belsasso. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón. Foto: La Razón de México

Justo al terminar el show del medio tiempo en el que actuó Bad Bunny, en el Super Bowl LX, uno de los eventos más importantes y que tiene las mayores audiencias a nivel mundial, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, publicó en su red Truth Social que el espectáculo encabezado por Bad Bunny fue “absolutamente terrible, uno de los peores de la historia” y una “afrenta a la grandeza de Estados Unidos”.

Escribió que nadie entendía una palabra de lo que decía el artista y que el espectáculo no representaba los valores o estándares de éxito, creatividad y excelencia estadounidenses. Trump también dijo que el show no tenía sentido y fue una bofetada para el país.

Lo cierto es que el show de medio tiempo de la edición número 60 del Super Bowl, encabezado por Bad Bunny en el Levi’s Stadium de Santa Clara, California, fue uno de los eventos más impactantes de la historia del espectáculo deportivo.

Lo televisaron cadenas muy importantes como NBC, Peacock, Telemundo, entre otras. El espectáculo batió récords de audiencia de por lo menos 135 millones de espectadores; sin duda, este show de Bad Bunny ha sido uno de los más vistos en la historia del medio tiempo del Super Bowl.

Para que se den una idea, el precio de un anuncio de 30 segundos durante el Super Bowl 2026 alcanzó alrededor de ocho millones de dólares, uno de los montos más altos nunca vistos en la final de la NFL.

Lo acompañaron artistas como Lady Gaga, Ricky Martin y Los Pleneros de la Cresta.

Bad Bunny no cobró un salario tradicional por su actuación, como ocurre históricamente en los halftime shows; en lugar de ello, la NFL y sus patrocinadores cubrieron el costo de producción, estimado en decenas de millones de dólares, y el artista aprovechó la plataforma global para reforzar su marca y su influencia cultural, porque la audiencia es enorme.

ORGULLO LATINO

El cantante puertorriqueño Bad Bunny (der.), el domingo, en el show de medio tiempo del Super Bowl.
El cantante puertorriqueño Bad Bunny (der.), el domingo, en el show de medio tiempo del Super Bowl. ı Foto: AP

El show de Bad Bunny estuvo repleto de mensajes de apoyo a la comunidad latina, sobre todo en un momento en el que las políticas de Trump han sido durísimas contra la comunidad latina: políticas migratorias con redadas, detenciones masivas y deportaciones aceleradas. Immigration and Customs Enforcement (ICE) ha intensificado operativos en comunidades, centros de trabajo y cortes migratorias, generando temor entre familias latinas y separaciones, como parte de una estrategia de “tolerancia cero” contra la migración irregular.

Miles de familias latinas han sido separadas por deportaciones aceleradas y operativos constantes de ICE. Padres e hijos han sido detenidos sin previo aviso, mientras el discurso político ha normalizado expresiones de odio. Y es que el racismo está hoy más visible y fuerte que nunca.

El discurso desde la administración Trump ha sido tan duro que, sin duda, ha generado un ambiente de polarización muy fuerte.

Mientras la presentación de Bad Bunny, cargada de símbolos en favor de la comunidad latina, se hizo mayormente en español, un escenario históricamente dominado por el inglés recordó el medio tiempo de Shakira y Jennifer López hace un par de años, pero no fue tan enfocado al mercado latino como éste.

Éste tuvo una estética que representó y reivindicó a la gente más marginada. Su vestuario, inspirado en la moda urbana, desafió los códigos tradicionales del espectáculo estadounidense.

Fue sin duda un show de orgullo latino y de resistencia frente a la discriminación. Y la verdad estuvo muy bien logrado y cumplió con su objetivo. Las alas más conservadoras y duras del actual gobierno de Estados Unidos estaban furiosas, tan es así que hicieron un show de medio tiempo alterno, que se transmitió por redes sociales.

Artistas e influencers sacaron videos para promocionar este show alterno, lo que llamaron un “medio tiempo paralelo”. No fue un espectáculo formal, sino una respuesta política y cultural al show oficial.

A través de redes sociales, transmisiones en línea y eventos privados, criticaron el espectáculo de Bad Bunny y lo presentaron como ajeno a los valores tradicionales de Estados Unidos.

Y así, los seguidores de Make America Great Again (MAGA) trataron de marcar una postura en contra del “latino power” de Bad Bunny.

Movilizaron a su base y trataron de convertir el halftime en un espacio de disputa simbólica. Fue una estrategia de la gente de Trump para usar el evento deportivo más visto del país para reforzar identidad política y cultural frente a una audiencia masiva.

Evidentemente no lo lograron: el show de medio tiempo de Bad Bunny fue vibrante, poderoso y emocionante. Fue una celebración de la música latina que conquistó el escenario más grande del mundo.

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Javier Solórzano Zinser. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón