BAJO SOSPECHA

“Dictadura cubana opera en lógica de control, no por bienestar social”

Gloria Álvarez dice que parte del crudo que recibe la isla de otros países se revendía en mercados internacionales; bloqueos de EU no bastan para derribar este sistema, advierte

Bibiana Belsasso. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.<br>
Bibiana Belsasso. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón. Foto: La Razón de México

Las recientes amenazas de Donald Trump han vuelto a colocar a Cuba en el centro del debate internacional. El presidente ha endurecido su postura con nuevas sanciones dirigidas a asfixiar financieramente al régimen, especialmente bloqueando el envío de petróleo a la isla.

Durante años, buena parte de ese crudo no benefició al pueblo cubano: la dictadura se quedaba con una parte y revendía otra en mercados internacionales para sostener su aparato represivo.

Hoy, la estrategia busca cerrar esas vías de financiamiento y debilitar a un régimen que ha sobrevivido gracias a redes externas de apoyo y a recursos utilizados para perpetuarse en el poder.

¿Va a caer o no el régimen cubano como lo conocemos hoy? Platicamos con Gloria Álvarez, escritora y analista política, especialista en regímenes dictatoriales, para que nos explique realmente qué está pasando en la isla y qué se espera que suceda tras el cerco de Donald Trump.

Bibiana Belsasso (BB): ¿Estamos realmente ante el principio del fin de la dictadura cubana o este régimen tiene todavía capacidad de sobrevivir?

Gloria Álvarez (GA): Me encantaría poder decir que sí, que estamos a las puertas del colapso definitivo, pero sería irresponsable afirmarlo. Nunca me ha gustado jugar a la futuróloga. Lo que sí podemos hacer es analizar el comportamiento histórico de la dictadura cubana. Y si algo ha demostrado ese régimen en más de seis décadas es una enorme capacidad de adaptación y reinvención.

Muchos han subestimado la habilidad del castrismo para sobrevivir incluso en los peores escenarios. Ocurrió tras la caída del Muro de Berlín, cuando se pensó que Cuba colapsaría junto con la Unión Soviética. No pasó. El régimen encontró nuevas fuentes de oxígeno: turismo, prostitución, narcotráfico y, más adelante, el patrocinio petrolero de Venezuela con Hugo Chávez.

BB: ¿Es éste el peor momento del régimen en décadas?

GA: Es uno de los momentos más críticos, sin duda. La población vive apagones casi permanentes, no hay insumos básicos, hay hambruna y la infraestructura está colapsada. Pero eso no significa automáticamente caída del régimen. La dictadura cubana no opera bajo una lógica de bienestar social, sino de control. Mientras mantenga la capacidad de reprimir, vigilar y fragmentar a la sociedad, puede sostenerse incluso en la miseria más absoluta. Cuando se habla de ayuda humanitaria, hay que ser claros: la mayoría se entrega de gobierno a dictadura, no al pueblo. Y es la propia dictadura la que decide quién recibe qué. Eso convierte la ayuda en un instrumento más de control político.

BB: Díaz-Canel ha hablado recientemente de revisar errores del pasado y de buscar ciertos cambios. ¿Podemos interpretar eso como un giro real?

GA: No. Es un patrón que ya hemos visto muchas veces. Fidel Castro hacía exactamente lo mismo cada vez que el régimen entraba en crisis: anunciaba reformas, liberaciones parciales, pequeños ajustes. Eso genera una sensación momentánea de alivio, pero nunca cambia la estructura del poder. Un ejemplo claro fue el éxodo del Mariel, cuando se abrieron cárceles y hospitales psiquiátricos y se permitió la salida masiva de personas. No fue un acto humanitario, fue una válvula de escape. Díaz-Canel puede permitir más remesas, pequeños negocios o cierto contacto con familiares en el exterior, pero todo eso es temporal, no transformación.

BB: ¿Qué tendría que pasar realmente para que la dictadura cubana caiga?

GA: La clave está en cortar de raíz las fuentes estructurales de financiamiento del régimen. Y esas fuentes no se limitan al petróleo. Estamos hablando de crimen organizado, narcotráfico, redes de lavado de dinero, tráfico de personas, turismo sexual y alianzas con potencias extrahemisféricas como China e Irán. Mientras esas redes sigan funcionando, Cuba siempre encontrará cómo sobrevivir.

Jóvenes usan sus celulares durante un apagón en Santa Cruz del Norte, Cuba, el pasado 3 de febrero.
Jóvenes usan sus celulares durante un apagón en Santa Cruz del Norte, Cuba, el pasado 3 de febrero. ı Foto: AP

BB: Has dicho algo muy fuerte: pensar que la caída de Maduro acabaría con el narco-socialismo es tan ingenuo como creer que la muerte de Pablo Escobar acabaría con el narcotráfico. ¿Por qué?

GA: Porque estas estructuras no dependen de una sola persona. Son sistemas completos, con múltiples capas y reemplazos. Cuando muere un capo, otro ocupa su lugar. Cuando cae un dictador, las redes permanecen. El problema no es quién gobierna, sino el modelo criminal que sostiene esos gobiernos. Si no se desmantelan esas redes, lo único que cambia es el nombre del rostro en el poder.

BB: Da la impresión de que nadie está preocupado por el pueblo cubano.

GA: Exacto. El gran drama es que todas estas presiones internacionales golpean primero al ciudadano común, no a la élite. Los jerarcas del régimen no hacen filas para conseguir comida. No sufren apagones. No carecen de medicamentos. Tienen privilegios. Vemos una paradoja cruel: se aprietan las sanciones con la esperanza de debilitar al régimen, pero quienes pagan el costo son los cubanos de a pie.

BB: Cuba es estratégicamente muy atractiva para países como China e Irán.

GA: Para China, Cuba representa una plataforma de influencia en el Caribe y muy cerca de Estados Unidos. Para Irán, una puerta de entrada a América Latina. Esa dimensión geopolítica complica todavía más el escenario, porque no estamos hablando sólo de un conflicto entre Cuba y EU, sino de un tablero global.

BB: Sostienes que Cuba ha sido el cerebro de muchas dictaduras regionales.

GA: Así es. Primero exportaron guerrillas marxistas con apoyo soviético. Después, con el Foro de São Paulo, diseñaron una estrategia para llegar al poder por vía electoral y luego desmontar las instituciones desde dentro. Ese modelo se replicó en varios países. Cuba no es una víctima pasiva del sistema internacional; es un actor que ha intervenido activamente en la política regional durante décadas.

BB: ¿Dónde entra México?

GA: Hoy, México es uno de los principales sostenes políticos de la dictadura cubana, junto con Brasil y Nicaragua.Durante años se enviaron cargamentos de petróleo que la dictadura controlaba, revendía en mercados internacionales y usaba para financiarse. Tengo entendido que recientemente se prohibió ese envío, lo cual es un paso importante. Pero el respaldo político sigue siendo muy fuerte.

BB: Volvamos a la pregunta inicial: ¿va a caer o no la dictadura cubana?

GA: Ojalá. De corazón lo deseo. Pero, siendo realista, no creo que caiga únicamente por sanciones económicas o por la falta de petróleo. Para que caiga, tendría que darse una combinación de factores: desmantelamiento del crimen organizado, ruptura de alianzas regionales, presión internacional coordinada y, sobre todo, una fractura interna dentro del propio aparato represivo. Mientras eso no ocurra, el régimen puede seguir sobreviviendo.

BB: Es decir, Trump puede debilitarlo, pero no necesariamente derribarlo.

GA: Exacto. Lo que está haciendo son parches importantes, pero no soluciones. Pensar que basta con cortar el petróleo para tumbar una dictadura que ha sobrevivido 60 años es subestimar al enemigo.

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