LA MALETA DEL CINE

Cada quien cuenta su propia historia

Javier Solórzano Casarín │ *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón
Javier Solórzano Casarín │ *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón Foto: Especial

La cultura surcoreana ha emergido en los últimos veinte años como un referente obligado a nivel internacional. En la música, en los videojuegos, en el anime, en los cómics y en la novela gráfica ha cautivado la imaginación de legiones de fanáticos alrededor del mundo. Las diversas creaciones de los artistas a lo largo de todas estas disciplinas no solamente han reinventado la manera en la que concebimos muchas de ellas, sino que han sido fuente de inspiración para muchos creadores del mundo occidental.

En el caso del cine, Corea del Sur ha sido materia prima para la producción de una innumerable cantidad de remakes en Estados Unidos, particularmente en los géneros del terror y la acción.

Directores como Bong Jon-hoo (Parásitos), Lee Chang-dong (Beoning), Kim Ki-duk (El espíritu de la pasión) y Hong Sang-soo (En la playa sola de noche), entre otros, han dominado la conversación del cine internacional en los festivales, en las salas de arte y en la desmedida pasión de los cinéfilos.

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Uno de los mejores directores del país asiático y del mundo es Park Chan-wook (Seúl, 1963). Su estilo visual y narrativo se ha convertido en el centro de atención de académicos y apasionados del cine desde el estreno de Old Boy: Cinco días para vengarse (2003). La violencia y el estilo audiovisual, impactante, visceral y brutal, anunciaron la llegada de Chan-wook al mundo cinéfilo.

Su nueva película, La única opción (2025), está actualmente en la cartelera nacional y vale la pena ir a verla.

La decisión de partir (2022) nos develó un nuevo color de la insaciable paleta de Chan-wook. Contando con muchos de los mejores ingredientes de su gramática cinematográfica, el concepto del espacio y del tiempo en la historia está sujeto a las emociones volátiles de los personajes. La impredecible naturaleza psicológica de los dos protagónicos dicta sus acciones y decisiones. Para bien o para mal.

El solitario detective de la policía Jang Hae-joon (Park Hae-il) descubre el cadáver de un hombre al pie de una montaña en las lejanías de la ciudad. Se debate la posibilidad de un suicidio, pero sus años de experiencia le dicen lo contrario. Es un homicidio. La sospechosa principal es una misteriosa y sensual joven llamada Song Seo-rae (Tang Wei). La evidencia la señala como la autora del crimen, pero Hae-joon comienza a tener sus dudas. Cuando se conocen se construye un vínculo inexplicable entre ellos, un torbellino de sexualidad, amor y romance que el detective teme pueda ser un obstáculo para realizar su trabajo en toda su plenitud. Cada vez que intenta enfocarse y hacer su deber sin preconcepciones, su deseo irrevocable por Song ofusca su visión.

Oscilando entre el thriller erótico y policiaco, la comedia negra y el suspenso, el filme de Chan-wook nos lleva a los confines de la imaginación, la fragmentada perspectiva humana y a la inapelable noción de que al final cada quien tiene su propia visión de las cosas. Disponible para rentar o comprar en Prime Video.

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Javier Solórzano Zinser │ *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón