POLITICAL TRIAGE

La política y el deporte

Montserrat Salomón. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.
Montserrat Salomón. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón. Foto: La Razón de México

Este domingo terminaron las Olimpiadas de Invierno. Independientemente de las emociones deportivas, la justa olímpica estuvo salpicada de las tensiones políticas de nuestros días. Yendo en contra del espíritu que debería vivificar estos juegos con un aura de paz, desde un inicio se notaron no sólo tintes políticos y facciones más o menos cercanas al comité organizador.

Para empezar, el COI vetó la participación de Rusia y Bielorusia como una sanción ante la invasión a Ucrania. Sin embargo, no se manifestó en torno a otros conflictos bélicos activos, incluida la alarmante situación en Gaza. Sin descender a posicionamientos particulares, es notoria la atención selectiva ante uno solo de los conflictos.

Del mismo modo, durante los juegos, los organizadores procuraron mantener a los atletas alineados en una zona neutral, pidiendo que no se enfrascaran en política ni por medio de manifestaciones personales ni en las entrevistas con la prensa. Sin embargo, la crispación de nuestros días se coló por las rendijas una y otra vez.

Probablemente los casos más sonados fueron un puñado de atletas estadounidenses que, en las ruedas de prensa, se manifestaron contra la violencia que se vive en su país provocada por la agresividad de las redadas del ICE contra la población migrante. El caso de Minnesota llegó a las olimpiadas mientras atletas como Rich Ruohonen afirmaron que la reacción policial había violado los derechos fundamentales de los manifestantes, alegando que la libertad de expresión era cosa del pasado en su país. Las reacciones del gobierno estadounidense no se hicieron esperar. Declaraciones insultando y llamando perdedores a los atletas llegaron a los titulares en un lamentable despliegue de frustración y tensión.

Probablemente el caso más problemático para el comité organizador fue el del atleta ucraniano de Skeleton, Vladyslav Heraskevych, que quiso usar un casco en el que aparecían las imágenes de compañeros atletas muertos en el conflicto contra Rusia. La intención era un homenaje a sus compañeros caídos, sin mediar ninguna palabra o declaración al respecto. Sin embargo, se le prohibió usarlo y él decidió retirarse de la competencia en protesta. La razón de los oficiales fue que la Carta Olímpica prohíbe cualquier tipo de manifestación o propaganda política, sin embargo, el casco sólo presentaba imágenes de atletas, una zona gris por demás polémica.

El sueño Olímpico busca ser un llamado a la paz. Esa inocencia ha quedado atrás en una era donde cada imagen encierra una declaración política. Un aplauso, un gesto, un atuendo… todo tiene una carga política en un mundo de facciones polarizadas y conflictos multiplicados. Ojalá pudiéramos regresar a la pureza del olimpismo, pero esto ya no es así.

Temas:
TE RECOMENDAMOS:
Javier Solórzano Zinser │ *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón